lunes, 6 de febrero de 2017

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 25: La serenidad de la verdad.

Tras conseguir ordenar la infinidad de cosas que pueden caber en la mágica maleta de sustentos vitales, Sharlotte se tumba en la cama y mira con insistencia el colgante por donde surge su holograma. Sabe que esta vez, su misión es de gran importancia. Lo que pase dentro del escenario del bar, marcará los días siguientes de su existencia. Pasado un rato, se incorpora con una tranquilidad desconocida y se dirige hacia la imagen de la ventana, un pensamiento inunda su mente, por mucho que se empeñe, será lo que tenga que ser. Antes creía que ella era la dueña de su propio destino. Esa era la idea que le inculcaron sus padres y que la impulsó a escapar, pero ahora está convencida de que hay fuerzas mucho más poderosas que el simple hecho de desear cambiar algo, y es importante tenerlo presente. Mantiene entre sus manos con cariño el especial artefacto de forma infinita y, dejando su mirada perdida hacia el fondo del escenario que se vislumbra desde la ventana, desde el colgante comienza a dibujarse un camino de estrellas que se introduce dentro del bar. De la suma de esa energía estelar se va configurando la figura de la joven Sharlotte. Arreglada para la ocasión, se la ve realmente bonita. 
Una vez concluido el proceso de creación del holograma, Sharlotte desde la habitación por primera vez, siente cierta envidia por ese personaje que siendo tan efímero, puede disfrutar de esa maniobra de libertad. Se da cuenta de que por mucho que pueda sentir cada movimiento, cada contacto, la temperatura y el olor del lugar, su verdadero yo, seguirá encerrado en esas cuatro paredes. En esos momentos, ya no le satisface el poder observar desde fuera. ¿Qué es lo que ha cambiado?- se pregunta. Mientras estaba sumergida en el sueño de que su estancia en la habitación del hotel sería momentánea, todo iba bien. Pero esos pequeños encuentros con Artuán y Mauro, han significado el despertar más bien de una pesadilla. La situación ha cambiado de forma radical. Hasta cosas que juraría que existían, han desaparecido. La puerta, el tiempo y hasta su juventud. Aunque pensar eso la entristece, hay un impulso interno que nunca la abandona. Unas ganas increíbles de vivir, de descubrir más allá de su propia existencia. Por un momento, deja de prestar atención al escenario del bar y se centra en la habitación. Mirándola bien, se sorprende al ver como las paredes blancas parecen inestables. No se ven firmes, sino más bien le recuerdan una carpa de tela.  Si se concentra bien, puede ver hasta como se ondulan. Siente un vuelco en el pecho ante esa nueva visión. Encima, ya no sólo ve como se mueven, sino que puede sentir el movimiento en su cuerpo. Es como estar subida en una barca. Toda la habitación se menea sutil pero suficiente como para tener una rara sensación de vértigo. ¡Qué importante es prestar atención a las cosas!- se dice para sus adentros. Sharlotte comienza a entender que muchas veces, no es que no existan las cosas, sino que no somos capaces de poder verlas. Será verdad que una vive lo que puede asimilar -se convence. Está claro que eso significa que no se encuentra en un lugar estático, que la habitación o lo que sea, se desplaza hacia algún lugar. ¿Pero hacia dónde?. Sin pensarlo más se lanza impulsiva a buscar el contacto de la pared más próxima y cual es su sorpresa al descubrir que es elástica. Parece un chicle bien mascado que se deja ir hacia el exterior. Hasta parece algo húmeda. Pero aún hay más descubrimientos. Una de sus uñas se hunde en la superficie y al sacarla consigue hacer saltar una fina capa de un material tipo papel de seda.  Comienza a rascar con prudencia y un brillante rayo de luz entra en la estancia. Es de tal intensidad, que el solo contacto con el pequeño halo de luz, le provoca una quemadura en la mano. Asustada se echa a un lado evitando cualquier tipo de roce. Sigue el rayo que termina su recorrido encima de la cama que en pocos segundo ha comenzado a sacar humo. Preocupada por la amenaza de incendio, con rapidez va en busca de algún material dentro de su maleta que pueda poner resistencia a esa cantidad de energía viva. Si recuerda bien, mientras ordenaba los utensilios había visto unas placas de material electrocrómico hecho a base de óxido de niobio, muy útil para graduar la intensidad de la luz solar. Instintivamente, abre la maleta y ahí está. Un par de placas de 30x30 centímetros.  Tras seleccionar una de ellas, mira dentro con astucia en la búsqueda de algún adhesivo que la ayude a sostenerla pegada a esa pared bailarina. No hay demasiado tiempo pues de la cama sigue saliendo humo sin parar y ya se puede ver un pequeño boquete de un centímetro de profundidad y dos de diámetro. Así que coge la primera cosa que ve, una cinta adhesiva de color morado y se apresura a realizar la maniobra. 
Una vez que consigue apaciguar la intensidad de la luz y la cama está a salvo, se sienta sobre ella intrigada. Delante suyo, tiene lo que se podría llamar, una pequeña mirilla hacia el exterior. No lo suficientemente grande para poder observar y con la incerteza, de si la placa electrocrómica resistirá toda esa energía que en pocos segundos comenzó a quemar su cama. Aunque la impaciencia la invade, deberá ser prudente y dar un tiempo para la observación, antes de ponerse en acción. 
El peso del colgante en su cuello le recuerda que es importante poner atención a lo que está pasando dentro del bar, ya que que el holograma, necesita de sus recuerdos y emociones para poder actuar. Así que con ese nuevo descubrimiento, se adentra en la historia dentro de ese mundo, virtual, desordenado y sin coherencia alguna. Lo que dificulta mucho la comunicación. En esos momentos, la joven Sharlotte se encuentra fundida en un tierno abrazo con Mauro. Desde la habitación, vuelve a conectarse a esa situación y como una película a cámara rápida le llegan todas las emociones e informaciones que han transcurrido entre ellos dos, y alucina con la intensidad que recibe en unos segundos, tanta que obliga a su holograma a separarse bruscamente del muchacho.
-¿Estás bien? -le pregunta Mauro entre triste y aturdido. 
-Disculpa, es que no estoy acostumbrada a tanta emoción y me asusté- le explica Sharlotte sonriendo-. Ha sido tal la explosión que he recibido en pocos segundos que pensé que iba a morir de excitación -lo mira con esa sonrisa picaresca que tanto le gusta-. Además, en los últimos minutos ha pasado algo creo que importante.
-¿El qué? ¡Explícame! -exclama Mauro- ¿Aquí mientras estás conmigo?- dice en tono dubitativo. 
-Bueno, ya te he explicado que lo que ves y sientes no es mi verdadero yo -le reafirma Sharlotte.
-Sí, pero me cuesta aceptarlo, eres tan real… -comenta Mauro pensativo-. Pero bueno, ¿qué te ha pasado?.
-He descubierto que la realidad cambia según vamos abriéndonos a otras posibilidades, a otras creencias -comienza Sharlotte- Todo lo que vemos, vivimos y sentimos es debido a que nuestra mente es capaz de asimilarlo como una realidad existente, así que, las cosas o los cambios, pasan cuando estamos preparados, sólo cuando disponemos de los recursos cognitivos para que así sean- le explica emocionada.
-Esto que me cuentas, me recuerda a una conversación que mantuve con mi amigo Berto, la persona de la que me he despedido recientemente y ha sido el causante de que me encuentre hoy aquí -le dice Mauro reflexivo- Me ha costado mucho el empezar a aceptar esta nueva visión de la realidad, tridimensional, inexacta, pero a su vez, tan profunda e intensa que te hace sentir vivo, y lo más importante, el dueño de tu vida y de tus acciones. 
-Sí, que maravillosa sensación esta que describes, la conozco y la reconozco - comenta mientras de nuevo facilita de nuevo el contacto con el muchacho y continúa diciendo-. Pues mira, dentro de estos momentos de lucidez descubridora, he averiguado que tras las paredes de mi habitación, hay algo más allá- le explica esperanzadora- con un poco de paciencia, averiguaré como llegar a ver qué es lo que hay ahí detrás. 
-¿Eso significa que podrás salir? -le pregunta contento Mauro.
-Aún es muy pronto para saberlo, pero por lo menos podré saber donde me encuentro -le contesta Sharlotte- y eso tal como están hoy las cosas, es mucho. ¿No crees?
-Sí claro, todo lo que nos pueda ayudar a entender dónde nos encontramos y cuál es la misión, será de gran valor- le afirma Mauro. 
-Así que, ahora que dispones de la bola con mi energía vital y puedes hacer un seguimiento de cómo estoy, será mejor que me centre en esta cuestión- le sigue explicando Sharlotte- Me quedaría aquí contigo para siempre, pero ambos sabemos que no es sostenible y que nuestro encuentro es por algo más, que por un simple desarrollo de una historia de amor- le dice mientras lo mira con los ojos llenos de unas lágrimas tan reales y saladas como el mar- a través de la bola vital, siempre estaré contigo. Le puedes hablar, la puedes acariciar que yo desde donde esté, te aseguro que lo recibiré, lo sabrás por los movimientos de sus aguas doradas y el aumento de su brillo. 
-¿Así que es una despedida?- le afirma Mauro mientras aprovecha para agarrarla más fuerte- si casi no hemos tenido tiempo de saborear este encuentro.
-Míralo como que por lo menos, hemos tenido este tiempo- lo anima Sharlotte en su versión más positiva- y quién sabe, intentemos confiar en que quizás, en algún otro momento, nos volveremos a encontrar. 
Tras estas palabras, por fin se besan como dos amantes que desde el fondo de su corazón saben que ya no se verán más. Al unísono el mar dorado de la bola de cristal crea un remolino con tal energía que parece que le falte espacio dentro de la esfera. Separan sus labios y sus ojos siguen clavados en la mirada del otro. Sharlotte le dedica la mejor sonrisa que tiene, con el objetivo que la recuerde siempre así, feliz, satisfecha, da dos pasos para atrás sin soltar sus manos de las de Mauro y con toda la tristeza de la despedida, comienza a desvanecerse. 

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