miércoles, 4 de enero de 2017

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 24: De nuevo juntos

Hace un largo rato que Artuán dejó a Mauro sentado en esa mesa situada en uno de los extremos del local. No tiene ni idea de cuantos minutos habrán podido pasar desde su partida. Mauro pensativo intenta buscar alguna respuesta, alguna solución. Sabe que no podrá estar así, inmóvil, mucho más tiempo. Su cuerpo le comienza a pedir algo de descanso y algún tentempié que le ayude a recobrar la energía. Dentro de ese lugar, todo es muy raro, demasiado inexacto. Es como vivir un sueño muy real donde el tiempo no tiene ritmo alguno y donde las interacciones o los hechos, no acaban de estar ordenados cronológicamente. Esa sensación le despista y lo empuja a esconderse muy dentro de sí. Apoya su frente en su mano y con la mirada perdida en la mesa, ahí sigue, dale que te pego a los pensamientos que no le están ofreciendo nada en claro, mas que estar cada vez más obtuso.  Cansado, coge aire profundo y se deja caer sobre la mesa, cierra los ojos e intenta descansar un poco. Pero el ruido de su mente, toda la inquietud que siente en relación a su propio futuro le impide estar en un estado propicio para poder dormir -Tengo que volver a casa… ¿cómo lo haré? ¿Y Sharlotte?... ¿qué sentido tiene todo esto?.. ¿realmente, dónde estoy?- se repite sin parar. Demasiadas dudas, demasiados miedos, ¿dónde quedó su valor?. Ese valor que le llevó hasta ese  espacio-tiempo y pudo mostrarle la realidad de Berto. Ese valor que según ese misterioso hombrecillo, Artúan, ha sido clave para encontrar su verdad. Y cuanto más se lo plantea, más inseguro se siente Mauro. Dentro de ese bar no está solo pero tampoco acompañado. Parece como si esas personas, Sharlotte y Artuán, compartieran algo común con él, pero a su vez, estuvieran muy lejos las unas de las otras. Juntas en esencia y separadas en lo físico, o igual al revés, ya no sabe nada, duda de todo. 
Agotado, por fin se duerme pero su mente no para y comienza a soñar. En su sueño, se encuentra en un lugar inhóspito lleno de rocas enormes marrón claras tipo arcilla. Está completamente rodeado por ellas. Cuanto más intenta alejarse,  más cerca están de él. Llega un momento que en algunas se comienza a dibujar una silueta humana. De las rocas salen manos y unas caras que le piden ayuda entre la arena y el barro de su interior. Puede oír sus gritos, sus lamentos como si le hablaran al oído. Cada vez más cerca, cada vez menos espacio. Está rodeado. Lo tocan y lo manchan de barro. Todo sucede muy rápido. Ahora está metido en una ciénaga. Todo embarrado, siente como algo le estira de los pies hacia abajo. Se resiste pero no le quedan fuerzas y dispone de poco margen de maniobra.  Tiran de nuevo de él, solo queda un pequeño espacio por donde poder ver el supuesto cielo. A su alrededor, todo son cuerpos de barro que se mueven rodeándolo. Cuando parece que no hay solución, que es el final, de forma extraordinaria de ese pequeño hueco de luz, se asoma una mano luminosa que lo coge del pescuezo y lo obliga a subir a una velocidad increíble para después, lanzarlo con toda sus fuerzas hacia el vacío. Es tal la impresión que siente Mauro, que instantáneamente de manera brusca, se despierta sobresaltado. Y sorpresa, sentada en la silla de delante suyo está Sharlotte, que lo mira curiosa. Mauro aún puede sentir su corazón acelerado, ahora no sabe si por la tensión del sueño o por el efecto que le causa esa hermosa chica. Sin mediar palabra, abre bien sus ojos y la observa para no perderse ni un detalle.  La ve un poco cambiada, algo más maquillada y con el peinado diferente, pero esos ojos vivarachos y esa sonrisa llena de vida, es única. Poco a poco la sensación del sueño se va disipando.  Al verla de nuevo, todos sus miedos desaparecen y vuelve a conectarse a esa valentía que le ha metido en este tremendo lío.
-Nunca había visto dormir a nadie tan sobresaltado- le dice Sharlotte mientras acerca su mano a la de Mauro. 
-Tenía una pesadilla- le contesta él con cierta timidez.
Ambos siguen mirándose con las manos entrelazadas, cada vez más fuerte. Uno frente al otro con el obstáculo de la mesa entre ambos. Ahora que ha llegado el momento crucial y por fin están juntos, parece que ninguno sabe bien qué decir.
-Estoy un poco confundido, no tengo muy claro donde estoy, ni qué va a pasar de aquí en adelante. Yo no pertenezco a este lugar y mi objetivo es conseguir volver a casa- le comienza a explicar Mauro. 
- Ahora mismo creo que de donde vengas es lo menos importante. Si hemos llegado hasta aquí será por algún motivo especial ¿no crees? - expone Sharlottte y continúa- Salí de mi país dejando  a los únicos seres que había amado con la ilusión de ser libre y conocer otro mundo, y llegué  a una habitación sin puertas con una ventana que me mostraba este escenario singular. Aquí os conocí a Artuań- lo señala al visualizarlo sentado en el taburete de la barra- y a ti. De esta manera, intuí el comienzo de mi vida, aunque ahora ya no estoy tan segura… - afirma con cierta tristeza. 
- Podrías venir conmigo… -le suelta Mauro decidido. 
-Es increíble- afirma Sharlotte mientras suspira - no sabemos nada el uno del otro y en el fondo es como si lo supiéramos todo ¿verdad?. 
- Yo siento que tengo unas enormes ganas de abrazarte y no separarme de ti jamás.- le confirma Mauro mientras se pone de pie y se abalanza hacia Sharlotte que lo espera con un nuevo gesto de pena- ¿Qué te pasa?- le pregunta al ver la expresión de la muchacha.  
-No podré ir contigo, ni podremos estar nunca juntos, al menos que renuncies a tu libertar y te quedes aquí para siempre- dice entre sollozos Sharlotte mientras de uno de sus bolsillos saca una canica brillante. 
- Ahora si que no entiendo nada… ¿de qué me hablas? ¿qué es esa bola?- pregunta Mauro preocupado. 
- La cuestión es que, esto que ves no es la Sharlotte real.
Ante esa afirmación de la chica, Mauro recula hacia atrás cada vez más confundido. Lo que podría ser una cita romántica parece algo mucho más complicado.
-No tengas miedo- le sigue diciendo Sharlotte- es un holograma de tecnología avanzada diseñado a través de mi esencia vital y con el aspecto físico de cuando huí de mi país. De donde provengo, todo el mundo de cierta escala social, dispone de uno como medio de seguridad ciudadana.
Mauro la mira y sigue sintiendo lo hermosa que es, en ningún momento se ha sentido amenazado, su instinto, algo más activo, le dice que confíe en ella.
-Como habrás descubierto, el tiempo aquí no es algo determinante- continúa- con lo que la Sharlotte que se encuentra al otro lado de la ventana, ya no sabe cuántos años tiene, pero tristemente, parece que no le queda demasiado tiempo- Sharlotte hace una pequeña pausa mirando fijamente el líquido dorado que se mueve dentro de la bola. ¿Ves la marea dorada dentro de esta bola?- le pregunta a Mauro.
-Sí, es de una belleza extraordinaria- le contesta alucinado- nunca ha visto algo parecido.
 Sharlotte continúa con su narración:
-Dentro de ella, está mi esencia vital. Mientras siga brillando y esté en movimiento, ahí seguiré yo en esta dimensión carnal. Sobreviviendo encerrada dentro de esa habitación prisión y viviendo las realidades que se dejan ver a través de esa ventana que intercede en este agujero de gusano temporal. 
-¿Por qué me cuentas todo esto y no quieres saber de dónde vengo yo?- le increpa Mauro.
-Porque estoy convencida de que conseguirás volver a donde te corresponda- le explica Sharlotte desde una serenidad madura- pero no quiero saber todo lo que me voy a perder al no poder ir contigo. 
En ese momento las palabras sobran, reina el silencio y por fin, se funden en un abrazo largo de esos donde los cuerpos se acoplan con tanta perfección que el tiempo no pasa, nunca mejor dicho. 

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