martes, 27 de diciembre de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 23: Objetivos de vida

Estoy totalmente alucinado. En poco tiempo, lo que parecía un puzzle con un millón de piezas desordenadas, ha comenzado a encajar. Ya no siento tanto caos en mi interior y soy capaz de centrarme en el momento presente. Es como si durante el tiempo anterior, hubiera estado metido en una centrifugadora con un millón de elementos a mi alrededor moviéndose sin parar y, de golpe, un día comienza a desacelerar y puedo comenzar a observar mi entorno y a mi mismo con mayor atención y detalle. Lo bueno, es que de todo lo acontecido he podido absorber algo de provecho. Si el resultado de todo el proceso fuese un licuado, ahora sería lo equivalente a esos extra nutritivos de lindos colores y con una consistencia justa para ser apetecible. Así de estable me encuentro hoy. Así de equilibrado. Limpio y claro. 
Tras la marcha de Sharlotte no he perdido detalle de las acciones de Mauro. Ahí sigue, en el fondo del local. Increíblemente, ahora resulta que los seres de luz no son más que la esencia de las personas que abandonan su forma corporal. Formas de energía vital. Seres con experiencias pasadas que no se comunican mediante el habla pero sí a través de sus luces y colores. Cuando dejas de tenerles miedo, descubres su gran hermosura. Ahí, en continuo movimiento en su conjunto crean una aurora boreal que ilumina el decorado donde se encuentra Mauro. El ser amorfo se despidió y como recuerdo, en el suelo un montón de piedras redondeadas. Arrodillado frente a ellas, Mauro coge un puñado de ellas entre sus manos y las mete en el bolsillo de sus pantalones tejanos. Lo hace con una tranquilidad gratificante. Prefiero esperar un poco más antes de acercarme y respetar esos momentos de despedida, o mejor dicho, de hasta luego. Aprovecharé para recorrer el local y dejarme sentir cada espacio desde este nuevo yo. 
Me muevo con soltura por los rincones del bar. Como siempre, encuentro unas cuantas mesas con algún individuo al margen de todo lo que acontece. En su mundo, en silencio, temeroso al igual que lo estaba yo. Todos perdidos en el tiempo de su propia realidad, ya sea por miedos, adicciones, trastornos, pero con un factor común: vivir dentro de la ausencia de su propia realidad. Al pensarlo aún me duele y la idea es tan abstracta que confunde. No hace tanto me encontraba ahí metido, dentro del caos. Sharlotte fue mi detonante, la que inconscientemente me hizo salir de la centrifugadora. Será por eso que la quiero y siento que la debo ayudar. Este pensamiento me hace reaccionar -Mauro ¿dónde está?-. Echo un rápido vistazo donde se encontraba y no lo veo. Mi pulso se acelera. No puede haber desaparecido. ¿O quizás sí?. Lo mejor será seguir a los seres de luz, él siempre está rodeado por ellos. Agudizo la vista para intentar ver la máxima panorámica. Hay varios seres pululando entre las diferentes mesas. Me voy acercando uno por uno a ver si me pueden ser de ayuda y me llevan de nuevo hasta Mauro. Siento como mi presencia no les incomoda. Da la sensación de que al aceptar mi nueva situación también ellos me aceptan a mí. -Ya formo parte del clan de los liberados- pienso con ironía mientras sigo buscando. Por fin, ahí está Mauro, sentado en la mesa más apartada con aspecto tristón. Sus manos sobre la superficie de la mesa juegan con los montoncitos de piedras que ha recogido de lo que ha quedado del ser amorfo. Sin dudarlo me aproximo y me siento en la silla de su lado derecho. 
-¿Y ahora qué?- me dice preocupado. No sé cuál es mi misión… Encima Berto se ha ido para siempre, Sharlotte no está… 
-Lo pintas todo muy negro ¿en serio no sabes qué hacer?- le respondo. 
-¿Has visto a Sharlotte?- me pregunta 
- Precisamente quiero darte un mensaje de ella. Se ha marchado mientras te ocupabas de tu amigo y me ha pedido que te diga que la esperes.  
- ¿Y eso cuanto tiempo será?- vuelve a preguntar Mauro indeciso- porque en algún momento tendré que regresar a mi casa. Bueno, eso si encuentro el camino de vuelta.  
- Que suerte la tuya que tienes una casa donde ir…- suspiro con añoranza. 
- ¿Acaso tú no?- me dice sorprendido 
- Muchacho, creo que aún no entiendes la magnitud de todo lo que estás viviendo… 
-Es cierto, estoy algo desorientado. ¿Me ayudarías?- me pregunta mientras me coge por los hombros de forma apasionada.
Al unísono, un montón de seres de luz se abalanzan sobre nosotros y comienzan a cambiar de color de forma brusca, quiero intuir que no les gusta ese tipo de contactos. Con cuidado, sin generar más tensión, libero mis hombros de las manos de Mauro. La intensidad de los seres de luz disminuye tanto en movimiento como en color. 
-Creo que debes intentar ser menos impetuoso en tus actos -le comento clavándole la mirada. 
-Perdona, no sé qué me pasa. Cuando me siento perdido a veces reacciono con demasiada pasión. Puede que fuera eso lo que pasó con Berto -afirma con pena-. Lo siento mucho, de verdad, no es mi intención que te pase algo parecido- se disculpa.  
-No entiendo porqué sigues sintiéndote culpable. Según he podido observar, tu amigo se ha ido contento pues fue el camino que eligió. En cierta manera, lo ha hecho para que puedas vivir una vida más plena- le digo amistosamente. 
-Imagino que sí, pero no tengo ni idea por dónde empezar… 
-Creo que ya has empezado… -le afirmo- desde que apareció Sharlotte y luego tú, me habéis liberado de mi propio inconsciente.  
-Pero… ¿cómo?- sus ojos comienzan a cambiar la expresión. 
-Exactamente no lo sé. Me encantaría poder darte las respuestas, pero yo también estoy lleno de preguntas sin responder. Quizás cuando vuelva Sharlotte nos puede ayudar. 
-Ella tampoco sabe nada. Durante el rato que estuvimos juntos, me acribilló a preguntas -mientras lo recuerda le sale una pequeña sonrisa en los labios-. Igualmente ¿cómo crees que te puedo ayudar?- me pregunta directo. 
-Yo ahora mismo, me siento tan agradecido estando sentado aquí contigo y poder tener una conversación como dios manda, ya me siento más que ayudado. 
Tras mi aclaración se crea un silencio. Mauro se introduce en sus pensamientos creo que en el intento de entender todo lo que le había pasado desde esa tarde de ocio y diversión que acabó en disputa y como, a partir de ese día, su mundo había cambiado completamente. De mientras, sigo disfrutando de esa quietud tan anhelada desde siempre en mi propia existencia. Tenía que pasar por todo esto para saber darle valor. Voy observando los detalles del local. El sucio y viejo papel de las paredes decorado con racimos de uvas, la curva de la barra del bar con esa madera color nogal barnizada en exceso. Hoy hasta la decadencia me parece algo maravilloso. La conciencia y la aceptación me ha inundado de paz y de un sosiego totalmente nuevo. Miro al muchacho y en sus ojos puedo ver un valor escondido detrás de muchas dudas e inseguridades. 
-No te preocupes, si he sido capaz de salir de la nube donde me encontraba, tú serás capaz de encontrar el camino de regreso -le animo. 
-Eso espero - me contesta sin decir nada más. 
Enseguida doy por hecho la falta de interés de Mauro y le doy el espacio que necesita para poder pensar y asimilar todo lo acontecido. Me incorporo y decido ir hacia mi compañero taburete. Ahí puedo ver mi vieja chaqueta colgada del respaldo. Ahora puedo recordar el día que me la confeccionaron a medida. Una sensación de opulencia y narcisismo se apodera de mi. En esos tiempos, cómo me gustaba presumir. Está claro, que la felicidad hedonista era mi objetivo. La búsqueda continua de placer. No existían reglas que el dinero no pudiera romper. Lo que no sabía, es que con cada acto inconsciente, me iba metiendo en un pozo que acababa en una centrifugadora temporal basada en mis creencias y emociones dormidas. Respiro profundamente y con una sonrisa interna disfruto del silencio. Ahora sí, silencio buscado, silencio deseado.  

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