lunes, 19 de diciembre de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 22: Una conexión para siempre

Una conexión para siempre

Desde la habitación del hotel la Sharlotte de carne y hueso, no puede creer todo lo que en cuestión de segundos ha podido experimentar. Su cuerpo ha entrado en un aumento de temperatura con solo sentir la voz de Mauro. El sudor ha empapado su ropa y su corazón sigue acelerado por la nueva percepción, de eso que siempre había soñado, el poder sentir la pasión de compartir algo más que el estar viva. Es plenamente consciente de esa conexión especial con él, al igual que sus padres le habían relatado y que a escondidas mostraban con tan solo mirarse. Borracha de amor, no sabe qué hacer. Los pensamientos salen desordenados en este momento de espera, en el que Mauro se ha alejado de ella para ocuparse de su amigo. El holograma se encuentra paralizado, mirando hacia todos lados en busca de una señal que le diga que paso dar a continuación. En ese golpe de vista, como siempre, puede ver a Artuán cerca de la barra y decide ir a su encuentro. Desde ese lado, también puede seguir qué hace Mauro que, en estos momentos, se encuentra delante del ser amorfo. 
Según se va acercando hacia Artuán todo comienza a coger más color, es increíble, pero el personaje menudo, el eterno pensador de la barra, hoy tiene un aspecto mucho más afable, más saludable. Una vez delante, lo mira con esa cara de buena chica que sabe poner tan bien, y él la mira enseñándole todo los dientes en una amplia y sincera sonrisa. Sharlotte se siente tan bien acogida que, llevada por toda la emoción de los últimos momentos, le dice con entusiasmo:
-Sé que me has pedido que no te hable, pero estoy tan feliz que si no lo verbalizo, exploto de la emoción- lo mira esperando su aprobación.
-¿Los puedes ver?- le pregunta Artuán con misticismo.
-¡Pero si hablas y todo! Qué voz más bonita tienes, nunca me la hubiera imaginado así, cuánto me alegra poder oírla- le suelta metida en su mundo de fantasía.
-No puedes verlos... Ya veo…
-¿A qué te refieres?- le pregunta algo confundida.
-Mira en esa esquina- le señala con el dedo donde se encuentra Mauro -¿Ves al muchacho?
-Sí, veo a Mauro. ¿Le conoces?. No sé exactamente que es lo que intenta hacer tocando de esa manera a ese ser, que si he entendido bien, es su amigo, o algo así…- le explica medio susurrando, mientras sigue sonriendo metida en su mundo.
-El resto no lo ves ¿verdad?
-No sé a qué te refieres… ¡Escucha una cosa!- exclama Sharlotte cambiando de tema -Ahora mismo tengo tantas ganas de saber, de hablar, de hacer, que me siento algo confundida. Lo que está claro, es que estos momentos son muy importantes para mi existencia, pues he conocido el amor en primera persona y encima he conseguido establecer comunicación con Mauro y contigo. Mis palabras salen desordenadas, locas por mi garganta y me cuesta bastante concentrarme. Demasiado tiempo en silencio, recluida en mi habitación. Así que necesito que me ayudes.
-Vale tranquila, explícame…- le afirma Artuán viendo que era incapaz de poder ver todo el acontecimiento con los seres de luz.
-He huído de mi país de origen y como consecuencia me encuentro aislada en una habitación de hotel sin puertas. 
-¿Y cómo llegas hasta aquí? O mejor... ¿cómo consigues salir para llegar aquí?- le interrumpe.
-Pues esto que ves es un holograma de mi imagen original y biológica. ¿Ves este bonito colgante?- enseñándole el símbolo infinito colgado de su cuello- ¿Ves la luz dorada? Esa es mi esencia vital, mi energía de vida que se propaga a través de ondas y puede crear una réplica exacta de mi misma. 
-Es increíble- alucina Artuán mientras con valor le acaricia suave la piel del brazo -Pareces de carne y hueso. ¿Pero de dónde has sacado esta tecnología tan impresionante?
-Mecanismos de seguridad de mi país, se creó en las negociaciones políticas con otras naciones. Llegó un momento que el mundo era un lugar muy inseguro. Bueno... Ahora eso no importa, lo que necesito es que vigiles a Mauro. Intenta que no se vaya, por favor. Debo regresar a mi habitación a por una cosa que nos ayudará a mantener el contacto, estemos, donde estemos.
-Lo intentaré, pero no sé si será posible. Yo no controlo en absoluto el tiempo, más bien me posee el a mí- le dice Artuán  algo alucinado. 
-¡Prométemelo!- suplica Sharlotte con la cara más dulce que puede mostrar.
-Te digo que lo intentaré- le dice embelesado. No sabe el porqué pero siente debilidad por esa linda chica y dentro de sí, sabe que debe ayudarla.
Sharlotte se va con la última mirada de afirmación de Artuán. Pero antes, mira de nuevo a Mauro y desde el silencio, le dice: “Ahora vuelvo, espérame”. 
De nuevo sola en la habitación, sin ninguna interferencia que la pueda distraer, coge apresuradamente la caja de herramientas. La abre con pasión y comienza a sacar las cosas más accesibles y esenciales. Aprovecha para alimentarse zampándose de forma compulsiva algunas formas geométricas tragándoselas casi sin masticar. -Es importante coger energía ante tanto cambio, no vaya a ser que el tema se alargue y me pille “low battery”- piensa ante la incertidumbre del futuro. Del mismo modo, estar bonita es una prioridad ahora. Desea con todas sus fuerzas que Mauro la vea lo más bella posible, un encuentro tan especial se merece emplear unos segundos en acicalarse. Agarra uno de esos pañuelos super estilistas y se lo pasa con cariño por todo el cuerpo. Saca su holograma para poder ver el resultado y se emociona al ser testigo de su versión más joven y hermosa. Es tal el resultado que siente dudas. La Sharlotte de carne y hueso, es muy diferente. El tiempo que ha pasado casi sin percatarse, ha dejado huella en su piel y ya no es esa joven de piel lisa y brillante. Ante la ilusión, abandona rápida esa idea y sigue con su plan. Inicia una búsqueda que la lleva a rebuscar dentro de la maleta con bastante entusiasmo, casi con desesperación. Va sacando, de dos en dos, los compartimentos que hay dentro de la misma. Por el momento no encuentra lo que tanto anhela y en su cara se dibuja una mueca de tristeza. -Debo encontrar la copia de la circunferencia de mi esencia- dice para sus adentros con angustia. -¿Dónde la habré dejado? La ví hace bien poco-. Ante la negativa de ser encontrada, vacía encima de la cama con energía las cosas que quedan por sacar de la maleta. Los artilugios al caer de forma violenta comienzan a coger tamaño, se despliegan de forma increíble ocupando muchísimo espacio, tanto que la habitación parece un vertedero de trastos desordenados. -Ahora sí que la he hecho buena, casi no me puedo mover- se lamenta Sharlotte -Tendré que recoger y plegar poco a poco todos los utensilios si quiero permanecer viva. Eso me llevará un tiempo del que quizás no disponga- dos grandes lágrimas comienzan a brotar de sus ojos y cansada, decide sentarse a reflexionar, en un pequeño hueco que ha quedado libre en el suelo. Solo conectar sus glúteos en el duro pavimento, al mirar el enorme jaleo de cacharros, entre medio del amasijo de cables, plásticos y telas, puede ver una linda bola de cristal color dorado del tamaño de una canica. -¡Ahí está lo que buscaba!-  afirma con alegría y se lanza ansiosa en su buśqueda. 
Con esa pequeña esfera en sus manos, se limpia los chorretes de los ojos resultado del breve lloro de desesperación e impaciencia. Vuelve a pasarse el mágico pañuelo y, ahora, ya está lista. Se ve hermosa, fuerte y segura. Dirige a su holograma al encuentro con Mauro. 












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