domingo, 27 de noviembre de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 21: Estableciendo contacto

Estableciendo contacto

Una vez comenzado el contacto físico es difícil coger distancia. Durante los minutos que dura el abrazo, Mauro puede sentir todo la energía de la mujer que tiene entre sus brazos. Es extraño pero su cuerpo está frío. Es como coger un montón de suaves pañuelos llenos de aire que ocupan un espacio. Toda ella es voluble e intensa a la vez. Entre escalofríos y estremecimientos, Mauro decide dejarse llevar por su instinto y confiar en los dictados de su corazón. Era la primera vez que sentía algo parecido. Tanta energía, tanta necesidad de alargar en el tiempo, ese contacto físico que lo sumerge en una placentera parálisis. 
Una vez la alborotada novedad se va disipando, se ve con la seguridad de separarse y comenzar a obtener respuestas. En el fondo no es más que una extraña y seductora desconocida que le provoca un montón de sentimientos nuevos. Al instante puede sentir como vuelve la culpabilidad y el remordimiento, no podía olvidar cuál era su principal objetivo; ayudar a su amigo Berto. 
Frente a frente, ambos con expresión de estar en una nube de emociones, se miran con un cariño confiado.

  • Cuánto me alegra verte -dice Sharlotte mientras pone sus manos sobre su pecho. Mauro la mira embelesado aún sin creerse todo lo que estaba viviendo. 
  • Sí, no estaba seguro de que volviéramos a encontrarnos, todo es tan extraño… -le responde Mauro recobrando el aliento. Mientras, Sharlotte,  le da un repaso de cuerpo entero y sonríe.
  • ¡Qué maravilla el poder comunicarnos! Lo había intentado con el tipo de la barra, pero parece que tiene algún problema al respecto y en una de las pocas veces que hemos conseguido interaccionar, me advirtió que no hablara. No se muy bien el por qué. Lo intenté desde otros canales de comunicación, pero fue imposible. 

Coge un poco más de distancia con la mirada clavada en la cara de Mauro y sigue diciendo con un entusiasmo juvenil: 

  • Tengo un millón de cosas que preguntarte.  ¿De dónde vienes? ¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Qué pasa fuera de este bar?...- Sharlotte coge carrerilla y casi sin respirar, lanza una pregunta tras otra, sin dar espacio a Mauro que la mira con los ojos muy abiertos sin poder asimilar todas las palabras que salen por la boca de la nerviosa chica.
  • ¡A ver, stop! -le dice rozando la saturación- Espera un momento, sé que tenemos muchas cosas de las que hablar, hagámoslo con calma. Además, yo también necesito saber algunas cosas- comenta mientras señala al ser amorfo en el que se ha convertido Berto. A la vez, a su alrededor, bailan los seres de luz sin un ápice de estar violentos o alterados, más bien se les ve alegres y expectantes ante el inicio de la conversación. 
  • Es cierto, perdona- le contesta Sharlotte al ver la cara de preocupación de Mauro- ¿Lo conoces? Intenté acercarme a él, hasta fuí capaz de tocarlo, pero su piel está ardiendo y me queme. No lo he vuelto a intentar.  ¿Sabes qué le pasó?
  • Es uno de mis mejores amigos -le comienza a explicar Mauro- se llama Berto -al decir su nombre su ceño se frunce ante la culpabilidad que siente-. Una tarde, mientras tomábamos unas copas en este bar, discutimos sobre el sentido de la vida, y a raíz de la discusión, mi amigo desapareció y yo comencé a tener visiones y percepciones extrañas- sintetiza como puede y continúa- el lugar es el mismo del incidente, pero al parecer, por como está, ha tenido que pasar bastante tiempo. 
  • ¿Bastante tiempo? ¿De qué año estás hablando? -le pregunta curiosa Sharlotte. 
  • Pues del 1985- le responde.
  • ¡De verdad, no es posible!- se exalta Sharlotte- Pues sí que han pasado años, sí, para mí estamos en el año 2329.
  • ¡¿Queeee?!- grita Mauro- Pero entonces, ¿cómo podemos estar aquí los dos a la vez si provenimos de épocas tan diferentes?-. Los pocos datos que van averiguando en vez de calmarlos, los sumergen en un estado de mayor incertidumbre. - Bueno, pienso que es cuestión de priorizar, y ahora mismo, lo más importante es saber cómo ayudar a Berto. - Mauro, se dirige hacia el ser amorfo y lo mira curioso. Sharlotte lo acompaña de cerca. 
  • ¿Cómo crees que puedes ayudarlo?- le pregunta Sharlotte con cierta tristeza. 
  • Pensaba que tú me podrías dar alguna respuesta, pero veo que tampoco dispones de demasiada información. Aunque...¿algún motivo habrá por el que nos hayamos encontrado en este extraño lugar, no crees?-. en esos momentos la mira con los ojos del corazón. Sí que había un motivo, claro, pero siempre le había costado eso de ser demasiado romántico, prefería ocultar sus sentimientos aunque estuviera totalmente entregado. Sharlotte le devuelve la mirada con un brillo tan puro que casi lo deja sin respiración.
  • Ves a ayudar a tu amigo-le dice- yo seguiré aquí, a tu lado.

En el momento que tiene permiso para centrarse en Berto, en pocos segundos, los seres de luz lo rodean de tal manera que le impiden ver a Sharlotte. En un principio, Mauro se resiste a separarse de la ella y los intenta empujar con sus manos, pero su efimeridad lo hace imposible. En uno de esos intentos, uno de los seres de luz aparece con mayor claridad, le agarra su mano derecha y la sitúa justo encima de la cabeza de lo que se supone que es su amigo Berto. Mauro sorprendido, se queda paralizado. Al instante,  un calor casi insoportable recorre primero la palma de su mano y va subiendo por todo el brazo. Cuando cree que se va a desmayar por la sensación tan intensa, la cabeza del ser amorfo se parte como la cáscara de un sandía. El ruido a roto le provoca un escalofrío que recorre todo su cuerpo. Al unísono, los seres de luz que lo rodean comienzan a dar muestras de celebración, me mueven rítmicamente coordinados entre sí. Recuerda el baile de una tribu africana dando la bienvenida al nuevo día.  Debajo de la mano de Mauro se puede ver con claridad la enorme grieta en el cráneo. Cada vez más grande, definida y delimitada por la creación de una nueva luz que surge de su interior. Despacio, como el humo de un cigarrillo, la luz se va expandiendo al exterior y  va cogiendo forma de ser humano luminoso. Lo más extraordinario, es que en tal termina de salir la totalidad del cuerpo, como si fuera una cáscara de un fruto seco hueca, el disfraz amorfo que lo cubría, se hace añicos y se convierte en un pequeño montículo de diminutas piedras color gris. Mauro no se lo puede creer y mira con desconfianza y boquiabierto, lo que parece el alma de su amigo Berto, que le sonríe y tras unos segundos, comienza un discurso como parte del proceso que ha elegido vivir: 

  • Mauro, gracias; sabía que mi sacrificio merecería la pena. Aquí estás, con tu mente abierta al mundo y al tiempo.  Ahora no te preocupes, ya estoy bien. Sobretodo, perdónate como yo te perdono. Ahora ya conoces cuál es tu camino, no renuncies a tu gran poder, pues tienes el don de visualizar una realidad mucho más amplia de lo que es habitual. El ser humano, con sus sesgos cognitivos, en la mayoría de los casos solo pueden ver lo que les permite su propia mente racional. Abandonan su inconsciente, lo entierran, lo sacrifican y hasta lo recodifican, por formar parte de una sociedad que no les permite ver más allá que una corta historia de vida. Puede que ahora, te hagas muchas preguntas y hasta te asuste el conocer la gran responsabilidad que cae sobre tus hombros. Encontrarás seres, que como tú, disponen de una visión estelar con los que compartir y aprender, y otros, que te necesitarán para encontrar su camino. Acéptalos a todos por igual, pues ellos, son tú, y forman parte de algo mucho más grande de lo que podemos ver a simple vista. Adiós amigo, siempre te acompañaré en tu camino.

La imagen de Berto comienza a difuminarse, a su lado, un ejército de seres de luz se lo van pasando entre ellos con cariño, lo acarician, da la impresión que hasta lo besan y lo abrazan, igual que en el encuentro de unos hermanos que hace tiempo no se ven, hay cierta festividad. Dentro de la masa de luces y colores, existe la individualidad de cada ser y a la vez, son uno. En uno de esos amasamientos de átomos luminosos, Berto se desvanece y renace siendo un bello ser de luz color azúl. Inmediatamente se planta delante de un Mauro aún algo confuso e incapaz de reaccionar, pero la presencia de ese ser pleno, lo hace estremecer de emoción y alegría. Ahora comienza a entender algunas cosas. No sabe del todo porqué pero recuerda a su madre. ¿Será ella también un hermoso ser de luz? Y dirige su mirada hacía lo que tiene delante con respeto y admiración. 












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