lunes, 21 de noviembre de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 20: Altibajos recompensados

Altibajos recompensados

Demasiados ratos tumbada en la cama. El perder la ilusión la ha sumergido en una apatía desconocida que la lleva a poner en duda toda su existencia. Dentro de la habitación sin puertas, con un maletín con sustentos de por vida no es la mejor proyección de futuro, no es el sueño por el que salió de su país y abandonó  a sus padres. Dentro de sí, sigue con la esperanza de que su holograma se reanime y pueda transmitir las vivencias del exterior. Pero pasa el tiempo, y por mucho que intenta conectarse con su intelecto en la búsqueda de ideas motivadoras, el conocer su dependencia a algo irreal, a ese avatar que vive su vida a través de una ventana, la ha dejado vacía, totalmente desanimada.  
Aún con todo, en momentos donde se asoma cierto entusiasmo, intenta conocer a esa nueva mujer que tiene delante, esa persona con un pasado de dudosa realidad, pero que sigue viva y dispone de muchos conocimientos prácticos. Cuando consigue conectarse consigo misma, se siente poderosa y en su boca de nuevo, se dibuja una tímida sonrisa. Es en uno de esos momentos cuando se produce el milagro.
Jugueteando con algunos elementos electrónicos, entreteniendo su mente con inventos disparatados que siempre necesitan del exterior para su buen funcionamiento, es cuando dentro del reflejo de la ventana se asoma el chico que la hizo temblar de emoción en un encuentro extraordinario. Allí, en ese bar del que tampoco sabe demasiadas cosas. Salta hacia la ventana con su colgante infinito entre las manos. Quiere llorar, pero esta vez es de alegría. -¿Qué hace ese chico allí?-. Puede ver todos sus movimientos como si una cámara lo siguiera por el establecimiento. - ¿Cómo es posible?- se pregunta Sharlotte. Cada vez está más entusiasmada. Puede ver como Mauro se acerca hacia Artuán que se encuentra en el taburete de siempre sumergido en un trance extraño. -Hostias, el dichoso botón comunicador ha sido un fracaso absoluto. Ahora lo entiendo, mi holograma ha quedado totalmente anulado por la intensidad de la introspección de Artuán- va discurriendo mientras sigue la escena -con esto no había contado. Durante bastante rato, continúa pegada a la ventana como queriendo atravesarla. Por el momento no pasa mucho más. Pone su mano en el cristal y toca con sus yemas el contorno del hombre que le hace vibrar. -Es hermoso, es fuerte, es decidido-  vocaliza en alto algunas de las cualidades que le surgen en la mente. -Es libre- dice mientras una emoción intensa provoca el lloro y varias lágrimas ruedan por sus mejillas. Ahí está ella, mayor, sola y encerrada. Por un momento, abandona la imagen para recomponerse. Sentada en la incómoda silla del escritorio vuelve a contemplar sus manos llenas de arrugas. Aún no se cree que haya podido pasar tanto tiempo, en ningún momento ha tenido la percepción de que pasara. Hace poco era una chica joven y vital, bueno, al menos así lo creía ella. ¿Qué es real y qué fantasía?- se pregunta desconcertada. Inmediatamente se contesta desde ese positivismo que siempre le acompaña. ¡Qué más da, lo importante es tener ilusión hacia algo!- y ahora, el ver a ese chico le da la alegría que necesita para poder sobrellevar la dura realidad. Se planta de un salto delante de la proyección y sigue con atención todo lo que sucede dentro. La imagen ha cambiado y en estos momentos, puede ver su holograma en el suelo y como Mauro, corre hacia su encuentro. Su corazón comienza a latir con más fuerza debido a la empatía que siente por su preciada doble. Que escena tan romántica, que afortunada la artificial por poder sentir el contacto de la piel del vivo. Y no sabe como, ante esa imagen dulce, le viene el recuerdo de una canción muy, muy antigua. Una música que durante muchos años fue de culto y ya no se escuchaba. Si recuerda bien se clasificaba como clásica y “ The swan” era la canción. Qué mezcla tan maravillosa, completa de emoción entre la visión y la melodía que sonaba a sus adentros, es testigo de esa unión y casi sin quererlo, entra en un trance que le ocupa el pecho que se expande como los pétalos de una flor al sol. Como un orgasmo sintiendo toda la conexión con ese ser. Es tan intenso, que su cuerpo va por libre y se convulsiona loco ante tanta vida que la atrapa en un abrazo. ¡Milagro, despertó mi joven yo!-grita emocionada a la vez que se deja llevar por las caricias que le ofrece su moreno protector. Ahí, sumergida en el abrazo más deseado se siente renacer. Ninguna arruga se puede interponer entre ambos. Ninguna realidad le podrá hacer olvidar lo que es sentir la magia del contacto. Ya sólo por eso, ha merecido la pena todo lo demás. Cierra los ojos y se abandona al amor.

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