lunes, 14 de noviembre de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 19: Liberando el pasado.

Liberando el pasado

Sumergido dentro de las ondas de una nueva sensación todo parece más fácil. Mi frecuencia cerebral se ha relajado. Creo que vuelvo a estar colocado. No hay sustancia, sensación, a la que me pueda resistir. 
En este momento,  me estoy viendo a mí mismo, en mis inicios con el consumo de alcohol. No tenía más de 3 años. Estoy subido encima de un taburete, en una celebración familiar. Todos están pendientes del pequeño bravucón que canta con esa vocecita fina, ahí subido para que lo puedan ver. Como premio, un terrón de azúcar bañado en vino tinto. Regalo que se iba repitiendo ante el esfuerzo continuo de cantar cada vez mejor. A los pocos años, al vino se le restaba el azúcar y aunque de inicio lo sentí ácido, pronto mi paladar lo ansiaba con frecuencia. ¡Dichoso botón que me está enfrentando a mis momentos de perdición!. A los diecisiete años ya había probado muchas de las sustancias de moda. Siempre era el alma de la fiesta. Acompañado de mujeres interesadas por compartir las mil mieles que siempre conseguía. Nunca he sido un hombre atractivo pero no hacía falta, si disponía de material podía conseguir de ellas lo que quisiera. ¡Maldito sea! Este pequeño artefacto en mi frente me está dando las respuestas de por qué estoy así, por qué me encuentro atrapado dentro de este mundo atemporal y desordenado. Es doloroso y desconcertante. Desde que perdí el amor de mis seres queridos, renuncié a vivir mi propia realidad. Cada balanceo me está mostrando mi pasado y las causas de mi desdicha, pero también, que la suma de mis experiencias quizás puedan ser de ayuda. Veo a esos dos chicos llamándome, pidiendo que les explique dónde están. Creo que hasta este mismo instante, no era capaz de hacerlo, ahora pienso que lo puedo intentar. Eso sí, antes, deberé hacer las paces con alguna parte de mi propia existencia.  Me pesa la culpa. Demasiados fantasmas en mi interior. Me he estado autoengañando durante mucho tiempo. ¿Cuánto? Nunca lo sabré, es el precio que debo pagar. Aunque nunca es tarde. La esperanza vuelve a mi pecho y me llena de valor. 
Con cierta resistencia, consigo quitar el artilugio de mi frente.  Salgo de esa sensación de ensueño, y para mi sorpresa, delante mío, de pie, ahí está ese chico. Lo reconozco tanto que casi se podría decir que somos amigos. Lo miro con curiosidad. Sostiene sus ojos cerrados.  Eso me da margen para acercarme un poco más. Detrás suyo todo es luz, no puedo ver más allá de una masa de colores entremezclados. El fondo del bar se difumina entre luces en movimiento. Me quedo ensimismado, embelesado viendo sus facciones. De repente, abre sus ojos y ante mi curiosidad, se sobresalta. Lo tengo delante y me percibe perfectamente. A los pocos segundos da la impresión de que está contento de verme, e inmediatamente comienza a hablar con nerviosismo e impaciencia. Según van saliendo las palabras de su boca, esas luces indefinidas se moldean dando forma a los seres de luz que lo cubren por completo. Acarician todo su cuerpo, parece hasta con cariño. Él ni se inmuta y sigue preguntándome si lo entiendo, hasta en una de sus frases me dice como se llama. Mi miedo me deja mudo. No puedo casi respirar. Mientras sigue en su monólogo interrogativo da un paso hacia mí. Mis reflejos se activan y levanto mis manos a modo de “ni se te ocurra acercarte más”. Ante esta amenaza de peligro, si hubiera sido un perro le hubiera enseñado los dientes con todas mis ganas. En esa tensa postura me quedo paralizado a ver qué hace. Se para y veo que también se ha sentido intimidado. Su carácter impaciente le da poco aguante y al poco rato se ha dado por vencido, da media vuelta y comienza a andar en sentido contrario respaldado por los seres de luz que lo acompañan. Hoy brillan más que ningún día. Sus colores son alegres y variados. Si no fuera por el miedo que les tengo tambień me fundiria con ellos. Se les ve hermosos, cautivadores y los dibujos que van formando, transmiten paz y serenidad. Me dejo llevar por las emociones que de forma casi olvidada van surgiendo de mi interior. Culpa y más culpa nace de mí, a la vez que veo como el muchacho se va alejando. No le puedo quitar el ojo de encima, aunque ahora no he sido de gran ayuda, siento que en algún momento lo seré. En un instante ya no lo puedo ver. Los seres de luz lo rodean. ¡Venga Artuán, llegó el momento de hacer algo bueno!. Ahí de pie, cerca de mi taburete refugio me siento seguro, pero llega la ocasión en que uno debe salir de su área de confort y dar ese salto al vacío. Si a él los seres de luz no le hacen nada, sino, más bien, parecen protegerlo, cuidarlo, ¿por qué no probar?. 
Voy dando pasitos cortos, mis piernas tiemblan ante el temor y la incertidumbre. Según me acerco al círculo creado por los seres de luz, mayor es mi inseguridad pero para mi sorpresa, internamente, comienzo a sentirme liberado. Medio metro antes de entrar en contacto con la luz de colores, se crea un movimiento de la estructura efímera que tengo delante. Comienzan a asomarse las cabezas de algunos de los seres y se plantan enfrente mío. Me observan escaneando cada centímetro de mi cuerpo. Me rodean y  siento las caricias en mi piel. Nunca imaginé que me pudiera gustar el tenerlos tan cerca. Por el momento todo va bien. Impulsivamente rompen el contacto con mi piel separándose lo suficiente para que pueda ver qué pasa delante. El muchacho, de nombre Mauro se encuentra tumbado en el suelo al lado del cuerpo de mi hermosa Sharlotte. Esa linda chica que con su inquietud, su continua presencia en medio de mi propio caos, me ha abierto los ojos hacia mi propio mundo interior, hacia mi propia realidad. No puede terminarse así este capítulo de vida. Por primera vez desde la consciencia, dejo que surja el dolor más grande que he podido sentir. Duele tanto que parece que en un momento dado me vaya a partir en dos. Ante tanta emoción, me cubro la cara con las manos y dejo que comience el llanto. Siento como comienzan a brotar lágrimas secas contenidas en el tiempo que arañan mis ojos y los hacen sangrar. Ahora ya no me siento lo suficientemente fuerte para contemplar más. Me siento en el suelo dándoles la espalda y me refugio en mi propio proceso de liberación. Mis lágrimas caen creando montañas de sal, liberando la carga que llevaba desde hace demasiado tiempo, limpiando todos mis excesos, perdonando todos mis errores, entendiendo todos mis miedos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Muchas gracias por tus aportaciones!