lunes, 7 de noviembre de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 18: Descubriendo realidades

Descubriendo realidades

De pie, frente al reflejo de la ventana puede ver a su holograma tirado en el suelo del bar. Esto no tendría que ser así, en teoría su holograma ante momentos de crisis como este, debe regresar al colgante. Algo ha fallado. La primera reacción es de miedo, no sabe si podrá hacerlo volver, ni cómo. ¿Qué hará si no lo consigue?. Desde que aterrizó en esa habitación de hotel, su holograma ha sido el nexo con el mundo exterior, ha sido quien la conectaba con la esperanza de poder salir algún día y vivir una vida en libertad. Sharlotte, coge con fuerza entre sus manos su colgante de forma infinita a ver si consigue atraerlo. La luz que muestra su fuerza vital ha disminuido en intensidad, pero por lo menos no está apagada del todo. 
Cansada después de un largo rato mirando por la ventana sin que cambie nada, decide ir a por la silla del escritorio para que le haga más plácida su estancia mientras busca la manera de reconectarse a su otro yo. Al agarrar la silla es consciente de sus propias manos. Acompañada siempre de su doble artificial, se había olvidado lo que era observarse a una misma. La imagen que puede ver, la paraliza. Deja caer la silla al suelo y buscando el apoyo de la pared más cercana suspira profundamente. Poco a poco, se deja caer hasta que sus nalgas dan con el suelo y puede apoyar la espalda en la pared. Derrumbada, con una postura algo incómoda, puede sentir la rigidez de sus músculos, que todo lo contrario a lo que estaba habituada a ver, esta vez se veían consumidos. La firmeza de la piel había desaparecido. Ya no era una joven tersa y hermosa. Temblorosa, vuelve a mirar sus manos y se ven llenas de arrugas, su piel algo pasa con alguna mancha color café con leche. Sigue alargando su brazo para poder visualizar lo máximo de parte corporal y va descubriendo el cuerpo de una mujer mucho más mayor de lo que hasta el momento su mente creía. Ver a su hermoso holograma, tan joven y fresco a diario,  jamás le hizo pensar en que el tiempo iba pasando y que su cuerpo físico sumaba en años y experiencias. Ahora podía entender esos dolores, esas sensaciones que fueron apareciendo y no entendía. Necesitaba poder procesar esta nueva realidad. Esto lo cambiaba todo. ¿Qué había pasado? ¿Era todo un sueño?. En esos momentos, Sharlotte sentía que su vida era lo más parecido al juego virtual de los Sims,  donde su consciente e inconsciente se basaba en una creación alrededor de su holograma. Pero, entonces ¿quién es ella realmente? ¿sus recuerdos son suyos o son de la Sharlotte artificial? Por otro lado, ¿cómo había llegado a este momento? ¿cuál había sido el detonante para que todo haya cambiado de esa manera? Así, de repente... Decenas de preguntas brotan dentro de su cabeza, necesita poder entender qué ha pasado. Por primera vez, puede sentir como dos grandes lágrimas ruedan por su vieja cara hasta caer al suelo. Es hermoso ver la marca del agua viva, salida de un sentimiento tan real como es el descubrirse. 
Pasados unos minutos en la búsqueda de respuestas y de intentar superar el shock inicial, se levanta y se dirige hacia la ventana. Quiere ver qué hace la Sharlotte del otro lado. Ahí sigue, tirada en el suelo como muerta. Muy cerca suyo hay ese personaje que siempre le ha creado cierto respeto. No sabe muy bien si por su amorfosidad o por intuir que dentro de ese horrible cuerpo vive atrapado otro tipo de energía. Ahora, al mirar el pequeño escenario que le ofrece la ventana, ve y siente todo muy diferente. Ese oscuro bar ya no le parece tan atractivo. 
Su nuevo estado la hace más consciente del tiempo y mientras espera que transcurra alguna acción dentro del bar, pasan varios días. Calculados a ojo por la necesidad de comer y descansar. La magia usada desde los artilugios de su maleta ya no tienen el mismo efecto sin su compañera holograma, ya que era la que le ayudaba a visualizar su imagen y le hacía sentir hermosa con sus atuendos roqueros y sus estilismos juveniles. Ahora, su propio inconsciente la traiciona y al hacer uso de sus toallitas de vestuario la lleva a ropas mucho más serias en consonancia a sus creencias sobre la vejez. Al final será verdad que somos nuestros pensamientos -se dice sorprendida hacia sus adentros. 
Sharlotte, sigue mirando al exterior buscando su propia felicidad fuera, en ese escenario donde un día puso todas sus esperanzas y que aún, se niega a abandonar aunque ya no le aporte nada más que el recuerdo de lo que pensó que era y podría ser un día. 
Aburrida de esperar alguna acción reveladora, deja de mirar dentro de la ventana y comienza a centrarse en su propia estancia. Esa pequeña habitación con una cama plegable, un escritorio y una incómoda silla. Todo sobrio, sin gracia alguna. En una esquina su maleta metalica, nueva como el primer día, parece que para ella no pase el tiempo. Se abalanza impulsiva sobre ella, la abre como muchas otras veces y comienza a sacar los muchos y diversos compartimentos minimalistas que la ocupan. Lo primero que encuentra es el cubo nutricional con sus figuras geométricas, después los famosos pañuelos estilistas de colores, al lado está la caja tecnológica con lo último en nanotecnología y medicina, y en el fondo, una esfera conversora de residuos orgánicos e inorgánicos, algo que hasta ese momento no había visto ni usado. La coje con curiosidad y en un lado, sobresale una etiqueta con una especie de jeroglífico donde muestra las funciones del objeto en cuestión. Según puede descifrar, esa pequeña esfera sirve para la eliminación de desechos y mediante un reciclaje computerizado los transforma en los elementos que puedan faltar al resto de kits de la maleta. 
¡Vaya, eso sí que es una sorpresa!- exclama Sharlotte. Eso significa que me puedo quedar eternamente dentro de esta habitación y no me falte de nada para sobrevivir... Siendo así, mi único enemigo será el tiempo...
La tristeza de su propia vivencia, la inunda de tal manera que llora por segunda vez. Allí, hecha un guiñapo en su cama, sigue sintiendo toda la energía de la Sharlotte joven y soñadora. La siente como una resaca que nunca se acaba. ¿Dónde quedan sus sueños de libertad?. Sean ciertos o una fantasía, no puede dejar de sentirlos. El cambio de perspectiva le muestra una realidad dura y sin esperanza de cambio. Cada vez que mira a su alrededor, descubre algo que se lo reafirma. El siguiente descubrimiento es la inexistencia de puertas en la habitación. Las paredes tienen una continuidad que parece no existir esquinas. Tan solo esa ventana. Como si de un espejo se tratara, le muestra de forma teatral la visión del bar, de una parte de él. 

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