lunes, 31 de octubre de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 17: Cercanía en el tiempo

Cercanía en el tiempo

Ya han pasado más de tres horas desde que Mauro vio salir a la última persona por la puerta del bar. El cansancio está haciendo mella en su cuerpo y le obliga a adoptar una postura más horizontal entre dos sillas. De vez en cuando, el silencio de la madrugada se trunca con el ruido de los motores de los frigoríficos. El sobresalto que lo acompaña le ayuda a seguir despierto. Sus expectativas han ido menguando según corrían los segundos y no pasaba nada. ¿Qué es lo que ha hecho mal? ¿por qué su plan no funciona?. Se siente algo decepcionado y durante unos instantes, se conecta de nuevo con ese chico inseguro y conformista, el que huye de los cambios y prefiere ignorar la verdad aunque el precio sea vivir la vida a medio gas. Por suerte, algo ha dejado huella dentro de él y le hace reaccionar. Se pone en pie de un salto enojado consigo mismo. 
-No puedes dejarte llevar por el desánimo. Tú mismo has sido testigo de fenómenos increíbles- se dice en voz alta. Eres el responsable de que Berto esté atrapado en un cuerpo horrible. Además, deseas volver a encontrarte con esa chica, por lo menos una vez más.-continúa diciendo con voz segura. Sin dejar de darse mensajes motivadores va recorriendo toda la sala del bar. Su voz coge tal potencia que al hablar siente como le vibran las cuerdas vocales a un nivel amplificado. Casi puede ver como las ondas del sonido salen de su garganta. Al sentir el efecto, sigue y sigue con el monólogo. Dirige sus palabras al aire, a las paredes, al suelo. Es al llegar cerca de la barra cuando al soltar la última frase ve unas luces color verde. Se asoma detrás de la barra curioso y ahí mismo, encuentra los diabólicos aparatos que se llevaron a su amigo. Ahora lo recuerda. Sí, fue uno de ellos el causante del estado de Berto. El pánico lo paraliza. Su cuerpo se inunda de sudor al pasar de la excitación al miedo. Debe ser rápìdo y tomar una decisión. Su pulso se acelera. ¿Sigue con la charla o mejor espera en silencio a ver si reaccionan?. Si recuerda bien, el aparato apareció ante la muestra de enfado y agresividad. Pero, ¿y si le pasa igual que a Berto? De esa manera, no podrá ayudarlo. Tras una corta reflexión, cansado de dejarse llevar siempre por la indecisión deja que la furia surja desatada y comienza a gritar mientras va tirando todo lo que se encuentra por delante. Sillas, vasos, ceniceros. Mira disimulado hacia la barra y por el momento todo sigue igual. Continúa con el festín aliviador. Lo cierto es que necesitaba soltar toda esa energía retenida durante años de letargo. Después de varios minutos sin parar, la sensación era estupenda. Se sentía liberado de un peso que ni era consciente que llevaba en su mochila vital. Al rato, sin nada en pie que pueda tirar, romper o patear, agotado, cae al suelo. 
-Monstruos cabrones, ¿por qué no venís a por mí?- pregunta a la oscuridad. Desde esa posición ni siquiera puede ver las pequeñas luces de los aparatos tras la barra. Su respiración jadeante se va normalizando. Su postura recuerda a quien se tumba cómodamente en la hierba a mirar las estrellas. Brazos extendidos y piernas separadas. Parece que está abierto a recibir todo lo que venga. Es en ese momento cuando de forma mágica comienza a dibujarse en el techo algo parecido a una aurora boreal. Desde un punto fijo, va creciendo un charco con los colores del arcoiris que se va expandiendo por toda la superficie. Los colores invaden todo el espacio, todo su cuerpo. Ahí tirado en el suelo, le sube un fuerte olor a vino, puede sentir el aumento de la humedad ambiental. Mientras los colores van cogiendo forma de ser, de esos seres que en la anterior ocasión le abrieron camino hacia su amigo Berto y la fantástica chica. Encima suyo tiene un montón de ellos como nubes de tormenta efímeras. Lo observan con curiosidad y da la impresión de que se ríen, y hasta parecen contentos de verlo. Uno de ellos alarga lo que parece un brazo y le invita a levantarse. Mauro no se lo piensa y se agarra a él. Su tacto es entre frío hielo y pegajoso aloe vera. Su contorno no deja de moverse y cambiar constantemente dando la impresión de ser muy inestable.  
Una vez de pie, se deja llevar por la energía colorida de esos seres que lo pasean por la sala hasta detenerse delante de un hombre. Por su aspecto parece sacado de otra época. Su ropa vieja y llena de polvo lo cubre como papel cebolla por el desgaste. Su cuerpo aposentado en un taburete de la barra, se balancea como un niño pequeño cuando su siguiente paso es ponerse en el lado izquierdo del desconocido. Piensa que si los seres de luz lo han llevado hasta ahí, es por algún motivo. Después de los segundos más largos de su vida, mira de perfil al nuevo acompañante y curiosamente llama la atención como el observado, sostiene su dedo índice con firmeza sobre su sien izquierda. -¿Qué será lo que aguanta con tanto esmero?- se pregunta Mauro mientras, atrevido, se acerca un poco más. El individuo está completamente en trance y no cesa de moverse en su vaivén infantil. Desde este estado, está claro que no conseguirá hablar con él. No acaba de entender para que lo han traído hasta ahí sus amigos luminosos. Se queda unos momentos pensativo y resuelve. El siguiente paso es tocarlo. Esa idea lo sumerge en una sensación de tensión pero es la única fuente que dispone para interactuar. Decidido, sitúa una de sus manos sobre la cabeza e instantáneamente, siente un cosquilleo bajando por su brazo que se reparte por todo su organismo. Poco a poco, se introduce dentro del movimiento de balanceo y entra en un estado de ensueño. Su mente sigue despierta y con cierta nitidez, le comienzan a llegar imágenes de momentos dentro del bar. Momentos llenos de vida y de luz donde la gente, bebe, habla y hasta canta y que se entremezclan con otros, llenos de silencio y oscuridad. En uno de ellos, como un flash le muestra a la bonita y misteriosa chica. La puede ver sentada en la barra, con una expresión entre dulce y pícara. Su corazón se dispara. Las imágenes se van entremezclando y dan saltos temporales, no hay ninguna que dure más de diez segundos. Llega una secuencia del momento de su pelea con Berto y la aparición del aparato volador, en el momento más crítico la imagen se desvanece. Sumergido entre tanta información, Mauro se siente desbordado y taquicárdico, decide apartar su mano. Tras la acción, respira profundamente y se dedica unos segundos o quizás minutos con los ojos cerrados para estar en silencio visual. Debe intentar ordenar todo lo que ha podido asimilar. Al abrir sus ojos se sobresalta al ver al personaje del taburete delante suyo, girado hacia él, quieto, inmóvil, clavándole su mirada  desconfiada. Mauro da dos pasos hacia atrás y en su espalda encuentra la pared construida por los seres de luz que lo empujan hacia el hombre. 
-¿Qui-quién eres?- titubea inseguro.El personaje sigue en silencio aunque sus ojos se agrandan como platos ante la voz de Mauro. -Mi nombre es Mauro y he venido a ayudar a mi amigo Berto y si tengo suerte, a encontrarme con una chica que creo conoces. La cara del individuo se tensa un poco más. En cambio, Mauro comienza a sentirse cómodo, intuye que es buena persona y no cree que le vaya a agredir, así que se acerca mientras le va preguntando: ¿Puedes entenderme? ¿Sabes hablar?...No consigue sacarle palabra, pero ante la disminución de la distancia, su interlocutor levanta sus brazos en señal de stop. Ante esa reacción, Mauro resopla y sigue con su monólogo: Tranquilo, no te voy a hacer daño, sólo quiero hablar contigo, si es posible. 
Mientras intenta comunicarse, los seres de luz le van acariciando todo el cuerpo. Como si de una brisa marina se tratase, se mueven por los alrededores de la silueta de Mauro. Esto le crea una sensación de estar protegido, de estar acompañado. En cambio, a su nuevo compañero, se le ve asustado, tenso y desconfiado. Tras un rato largo de continuo silencio, duda de que pueda conseguir hablar con él. Ante ese sentimiento de fracaso comienza a sentir la necesidad de caminar por el resto del local. Los seres de luz lo han intuido y le invitan a adentrarse en medio del bar. Mientras se mueve siente cierta rigidez muscular y el latir de su corazón en cada centímetro de su piel. La ansiedad de adentrarse en lo desconocido es algo nuevo, le asusta pero a su vez, es emocionante. Sigue caminando lentamente sin saber donde va y siempre rodeado de los seres y sus colores en movimiento. Por fin, parece que han llegado a su destino y al despejarse la niebla de colores, puede ver la figura de Berto y a sus pies, la bonita chica. Sin pensárselo dos veces, sale corriendo a encontrarse con ellos. De forma apresurada se agacha y pone su oreja derecha sobre el pecho de Sharlotte. Se asusta al no oír el sonido de su corazón.   
¡Oh, no, está muerta!- se lamenta Mauro, mientras coge todo su cuerpo y lo abraza contra el suyo. Ante este acto,puede sentir la misma energía que la primera vez. -No puede estar muerta- se dice a sí mismo, y mira su linda cara. Le asombra algo que ve en su frente, una especie de ficha color azul. La toca con curiosidad y consigue que se desprenda con facilidad. De repente, el cuerpo de Sharlotte comienza a convulsionar y Mauro no sabe qué hacer. La deposita de nuevo en el suelo y sorprendentemente, la muchacha se incorpora de un salto. Mauro por un acto reflejo se levanta y por segunda vez, uno frente al otro, se funden en un abrazo. 




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