lunes, 18 de julio de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 16: Elipsis temporal

Elipsis temporal

Desde este incómodo taburete, puedo ver a Sharlotte rodeada de los fantásticos personajes de luz. Se mueven animados esperando que algún otro fonema, salga de su boca. Como una batería de un viejo vehículo, se van cargando con el sumando de las letras sonoras. La bonita chica no se imagina lo peligroso que es cada sonido que emite. Si sigue así, conseguirá despertar a uno de nuestros amigos voladores, los temidos "Aerotronics" que descansan en silencio detrás de la barra. Seres artificiales con una consigna moral grabada en su memoria, la cual, debe ser respetada y en caso contrario, los castigos más duros y extraños recaen sobre quienes osan a desafiar sus leyes existenciales. Si lo pienso, hace mucho tiempo; muchos años, muchos días, muchas horas, que perdieron el sentido de ser. Pero ahí siguen, atormentando a los asiduos de este bar. Y me surge una pregunta: ¿Cuál fue el día que se abrió esa puerta para más nunca poder salir?. Me cuesta saber cuál es la realidad presente, mi mente se encuentra en un continuo movimiento dentro de las elipsis temporales. Pienso que mi cuerpo la acompaña, aunque no tengo la certeza de que sea así.  Visto el panorama, dejemos la filosofía para otro momento y comencemos a actuar. De hoy no pasa. Debo saber más, quiero saber más. Lo mejor será rescatar a Sharlotte de los rondadores seres de luz y encontrar la manera de poder comunicarnos.
Doy un salto hacia el suelo. Bajar de mi usado taburete me recuerda lo bajito que soy. Lo extraño es que por dentro me siento grande. Las emociones que me acompañan parecen dos tallas más grandes que mi diminuto cuerpo. Se podría decir que desde hace un tiempo sufro de cierta obesidad emocional. Los últimos encuentros con los chicos me han ayudado a recuperar una sutil pero suficiente sensación de libertad, de esperanza. Aunque no sé muy bien hacia qué. Mi cabeza se llena de preguntas sin respuestas, interrogantes que me hacen cosquillas por dentro y como una bombilla ilumina mi curiosidad. 
Comienzo a caminar en dirección a la muchacha y mientras le hago señales de silencio. En mi interior voy repitiendo una y otra vez -Por favor, mantente calladita muchacha. No se te ocurra ni suspirar-. Ya estoy a metro y medio de ella. Impresiona la intensidad de los colores chillones que la bañan como olas en la tempestad. Parece que ha entendido mi mensaje y se mantiene quieta con los ojos grandes y alegres. Me contagia su alegría y consigue relajarme. Por un momento siento que ya no estoy solo. Si no me equivoco, en su mano derecha tiene algo. Me lo está mostrando, pero con tanta luz se hace difícil poder visualizarlo con claridad. Parece una especie de botones azules. Lo señala y se toca la boca.  -¿Qué querrá decir?- No entiendo nada. La incertidumbre se apodera de mí. -¿Qué intenciones tendrá?-dudo. Tampoco la conozco tanto. Soy consciente que no me queda más remedio que confiar en ella y acercarme lo máximo que pueda. Me acerco despacio entre la ilusión y el miedo. Puedo sentir la tensión en su cuerpo y el temblor del mio. Por su expresión, la emoción la invade por completo. Consigo llegar a medio metro y de manera impulsiva se abalanza sobre mí, tan rápidamente que no puedo reaccionar. Noto un golpe suave sobre mi sien izquierda que me distorsiona. Un zumbido molesto invade mi cabeza. Es como si un millón de abejas hubieran entrado por mis oídos y estuvieran trabajando dentro de mí. Aturdido voy retrocediendo hacia mi lugar de siempre. Mi visión borrosa me deja verla,  también en un estado de desconcierto. Sus manos sobre la cabeza, su cuerpo se balancea de un lado al otro. Parece una peonza a punto de terminar su baile. Se desmaya y cae con dulzura al suelo. Hasta eso lo hace diferente. No tengo energía para poder ayudarla. Por lo menos los personajes de luz han cambiado su estado de alerta por otro más pacífico. 
Después de un largo rato perdido en mil sonidos e interferencias de sueños virtuales, llego a mi taburete y con gran dificultad consigo sentarme. Mi cuerpo está muy pesado. Parece que se haya imantado hacia la tierra y cada movimiento que hago es todo un esfuerzo. Miro hacia donde está Sharlotte. Sigue ahí tumbada, joven y hermosa.-!Venga muchacha, no te rindas. Eres toda mi esperanza.! -pienso con cierto cariño para mis adentros. En mi mente como un eco suena -Esperanza, esperanza...-. Intento concentrarme, pero tengo la sensación de tener la cabeza metida dentro del agua. Me toco la frente y la siento caliente, con una temperatura más elevada de lo habitual. En mi lado izquierdo hay una especie de ficha de “Parchís” incrustada en la piel. Al tocarla, desprende una vibración constante, como si dispusiera de un corazón propio que se acelera al tacto.  Casi sin darme cuenta, mi cuerpo comienza a temblar de la cabeza a los pies. Es una vibración que me recuerda a la usada en una época en los teléfonos móviles en modo silencio, rítmica, constante. Podría decir que es hasta agradable. Separo el dedo del botón de mi frente y el movimiento cesa. Como un niño curioso que ha hecho un descubrimiento divertido, vuelvo a poner mis dedos sobre la ficha y nuevamente, esa vibración. Me acomodo en el taburete, cierro mis ojos e intento disfrutar de la nueva sensación. Que maravilla de movimiento, parece como si todas mis células pudieran bailar por separado durante un segundo, relajando todas las tensiones y conflictos entre ellas. Mejor no se puede estar.   
Perdido en la adicción que me provoca mi nuevo compañero, he olvidado completamente el propósito de hoy. Pero da igual, aprovecharemos un poco más las burbujeantes vibraciones para afrontar mejor el mañana, el mañana, el mañana...

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