lunes, 4 de julio de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 15: Cruzando el umbral

Cruzando el umbral

Después de unos cuantos días de darle vueltas a la idea de volver a la cervecería y cómo poder conseguir entrar de nuevo en esa dimensión, ya está decidido. Su solitario padre es lo único que le ha impedido no haberse puesto en marcha enseguida. Le da pena el pensar, que si no le sale bien la jugada, se quedará solo. Con su hermano mayor casi ya no puede contar. La familia de la novia lo tiene abducido. Se pasa todo el día arreglando lo que será su futuro hogar y ayudando a su suegro en temas de jardinería. 
Durante la semana, Mauro ha aprovechado para arreglar las cosas que tenía pendientes. Echar un vistazo al motor de la furgoneta;  acompañar a su padre en sus paseos de tarde y hasta consigue, aunque con mucha vergüenza, decirle en voz alta que lo quiere.  Era algo que tenía pendiente. Muchas veces antes de salir de casa le entraban ganas, pero al final siempre había algo que lo excusaba y no conseguía que las cortas palabras salieran de su boca.  Esta vez no podía dejarlo pasar y en uno de esos paseos aprovecha para soltarlo. Ante tal apertura emocional,  deja a su padre completamente  perplejo:
-”Filho” ,  llevas unos días un poco extraño. ¿Me puedes asegurar que estás bien?
-”Pai” no se preocupe. ¿Le extraña que lo quiera?- Mauro se ríe con timidez y lo mira con ternura intentando a la vez esquivar esa mirada tan persuasiva de duda de su padre. Esa mirada que desde pequeño conseguía sacarle todas las verdades. 
-Bueno…-le dice medio refunfuñón- Ya sabes que puedes confiar en mí y contarme cualquier cosa que te ronde por esa cabeza dura que dios te ha dado- hace una pequeña pausa y su mirada se llena de nostalgia- Si te viera tu madre, como disfrutaría al observar el hombre en el que te has convertido. Terco, pero un buen hombre -lo coje por los hombros y lo zarandea con cariño. 
En esos momentos, Mauro vuelve a conectar con su niño interno, ese que necesita del amor y apoyo de sus progenitores. Le invade una emoción que le dice que se quede allí, quieto como hasta el momento, que no necesita nada más que ese compartir con su padre, perdido en los recuerdos de añoranza de su madre. Los dos juntos, honrandola desde la seguridad de un hogar vacío. Vuelve a mirar a su padre de frente y le sonríe cómplice sin decir nada. No hace falta hablar, ambos se han entendido  a la perfección. Siempre han tenido ese “feeling”. Se hablan con el cuerpo, con los gestos. Pero esta vez, quería que fuera diferente y por eso, le repite - Te quiero “pai”-.
Ahora sí, ambos retoman el camino desde un silencio hinchado de amor.
Al llegar a casa su padre comienza a preparar la cena. Debe estar muy contento del resultado del paseo pues saca una de las botellas de vino que guarda para las celebraciones. Mira a Mauro de reojo que está preparando la mesa y le guiña un ojo. 
Tras una cena repleta de energía positiva, Mauro se despide de su padre, le da un beso en la frente de buenas noches y con algo de pena se dirige hacia su habitación. Antes de salir de la cocina, lo mira de nuevo. Quien sabe, puede que sea la última vez. 
Dentro de su habitación el espacio se hace pequeño. Es demasiado el nerviosismo que siente ahí, sentado en su cama, mientras acaba de repasar el plan que tiene en mente. Su padre no tardará en acostarse. Ese será el momento de ponerse en marcha. 
Son las diez y veinticinco minutos cuando escucha entrar a su padre en su cuarto. Le dará unos minutos para que coja el sueño. Ahora en la casa reina el silencio aunque dentro de su cabeza, Mauro oye un run run agotador. Nunca se había sentido tan asustado pero sabe que lo tiene que intentar. Desde su encuentro con Berto, ya no hay marcha atrás. Pensar en la bonita chica, le hace acelerar el corazón, pero por motivos muy distintos a los anteriores. 
Ya en la calle se da cuenta lo fácil que ha sido salir de su casa sin hacer ruido. Le recuerda cuando de adolescente se fugaba para juntarse con algunos amigos en horas no aceptadas por su padre. Ahora ya adulto, había escondido sus intenciones de salir para involucrar lo menos posible a su familia con la extraña historia de la cervecería. No quería ponerlos en peligro. En caso de que desapareciera esa noche, cuanto menos supieran, mucho mejor. Durante esos días no había hablado con nadie sobre su salto a otro lugar. Emmanuel y Lorena, daban por hecho que su reacción inicial era debido al shock tras el desmayo. No sospechan nada. Hay que ver lo obtusos que podemos llegar a ser ante situaciones que salen de nuestra realidad -piensa para sus adentro mientras se encamina hacia la calle principal donde coger un taxi.
No tarda en encontrarse dentro del vehículo. Nota como su pulso se acelera según se acorta la distancia. En breve habrá llegado. Una vez dentro de la cervecería no sabe que le puede pasar. Se obliga a no pensar, a no anticiparse y reservar la serenidad mental para cuando lo necesite. Pensar demasiado le cansa y le reduce la capacidad de reacción. Sabe por experiencias anteriores que bajo estrés no acaba de rendir adecuadamente, por ese motivo, siempre había intentado huir de situaciones en las que pierda el control. Ahora estaba claro que ese no era su destino. Desde la discusión con Berto, todo se había descontrolado de tal manera que ya no podía retroceder a esa vida tranquila y sin misterio en la que se había refugiado. Ahora ya no la veía como la mejor opción. Algo se le había abierto en su interior. Algo que negaba cerrando sus ojos al mundo, a otro mundo. Es curioso como puede cambiar todo a tu alrededor casi sin darte cuenta. Lo que antes era la única realidad posible, se ha quedado obsoleta. Ahora sumergido en la incertidumbre, Mauro siente miedo, pero a la vez, se siente mucho más vivo, mucho más conectado a otro mundo. Aún desconocido, aún por descubrir. Sabe que en su vida no solo existe un propósito, con seguridad percibe que hay muchos caminos y vivir, es precisamente el ir descubriendo todas las opciones. 
Se encuentra en la puerta de la cervecería. Entra decidido. Baja las escaleras y el lugar está como siempre lleno de gente y de ruido. Se acerca  a la barra y duda que pedir. Será mejor no beber alcohol y mantenerse lo más sobrio posible. Pide una coca cola. No es lo que más le gusta, pero no se le ocurre otra cosa. Con la bebida en la mano, se gira a contemplar el local con más detenimiento. Todo es normal. No hay rastro de los seres luminosos, ni de la chica, y por supuesto de Berto. Si que localiza el lugar donde se encontraba. En el fondo del local. Decide acercarse poco a poco a la zona. Le cuesta avanzar entre la gente. Al llegar justo donde recuerda que se encontraba su amigo siente como un escalofrío recorre toda su espalda. Comienza a sudar consecuencia del estrés que le provoca su recuerdo. Una rigidez intensa se apodera de él. Su mandíbula se vuelve dura, estática por completo. Los pies le pesan tanto que da la impresión de estar petrificado, pegado al suelo. Está perdiendo el control de nuevo. Escucha lejos las voces del lugar.Ya no tiene fuerza y se le cae el vaso con la bebida.  El ruido le hace reaccionar. Mira aturdido los cristales en el suelo y al levantar la mirada nadie lo observa. Es curioso, parece que no lo vean. Desde ese momento, pasa completamente desapercibido.Realiza un par de respiraciones profundas y lentamente va recuperando la lucidez.
Saca un pañuelo de su bolsillo y se seca el sudor. Antes de devolverlo a su sitio lo mira con cariño y reconoce las iniciales de su nombre bordadas en el. Es uno de los pañuelos de su comunión confeccionados por su madre. Era un bonito recuerdo para llevarlo a otro mundo. El tiempo va pasando a la vez que la gente va abandonando el lugar. Según se acerca la hora del cierre, es testigo de cada rincón libre y con descaro se va posicionando en todos ellos. Las personas que quedan, siguen sin inmutarse de su presencia y aunque sabe que su situación no es un juego, le parece divertido. Hace de espejo con alguna chica presumida que ni soplándole en la cara se da por aludida, lo máximo que consigue es que haga el gesto de quitarse una mosca. Así se entretiene hasta que el local quede a oscuras. Ya solo quedan los trabajadores del bar. Los mira mientras llenan las cámaras frigoríficas, barren el suelo y suben las sillas sobre las mesas. De nuevo, llega la intranquilidad. Ya queda poco para ver si su plan funciona. Viendo el bar vacío se da cuenta de lo diferente que es. La distribución del espacio, los colores, el olor que desprende tiene algo especial.  No contaba con el fenómeno de la invisibilidad, así que no le hacía falta esconderse en el baño. Todo estaba saliendo por el momento, sobre ruedas. ¿Qué pasará cuando llegue la oscuridad? 

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