lunes, 4 de julio de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 14: Dando pasos

Dando pasos

Como viene siendo habitual tras las incursiones en el bar, Sharlotte se encuentra tumbada en la cama de la habitación del hotel. Comienza a estar un poco cansada de esta situación repetitiva.  Una vez y tras otra, se introduce en ese mundo desconocido a través de su colgante y cuando comienza algún tipo de interacción interesante, parece que siempre se tiene que marchar corriendo. Todo está yendo bastante lento y su cabeza no deja de buscar la manera de poder comunicarse de manera más fluída, por lo menos conseguirlo con Artuán.  Está convencida que la falta de información la está limitando demasiado y si quiere que el sacrificio de sus padres sirva para algo, debe poner un poco más de su parte y arriesgar más.
Se incorpora y coje su pequeña bolsa metalizada. La abre y dentro, todo son pequeños recipientes de colores bien ordenados. Empieza a buscar entre ellos y elige una especie de fiambrera estrellada de cinco puntas. La pone encima del pequeño escritorio y la mira con detenimiento. Con sus dedos índices aprieta dos de las puntas de estrella e instantáneamente tras un clic, el utensilio comienza a adoptar apariencia de caja de herramientas. Lo hace multiplicando su área y uniéndose como si tratase de un rompecabezas hasta completar la nueva forma. Una vez terminado el proceso de reagrupación material, Sharlotte sonríe satisfecha. Abre la tapa y suspira contenta. Está llena a rebosar. Es una maravilla disponer de tanto material tecnológico. Le será de gran ayuda en la creación de algún sistema de comunicación.
Tras un largo rato de experimentación con los diversos aparatos y herramientas que dispone, ha optado por crear un botón telepático. A simple vista es como un pequeño “post it” color azul, pero dentro de la sencillez dispone de una compleja tecnología capaz de conseguir la comunicación a través del pensamiento. Para que sea efectiva, las personas que quieran comunicarse desde este sistema, tan solo deben pegarse el botón azul en una de sus sienes y con un poco de concentración y paciencia, podrán escuchar los pensamientos de su interlocutor. Sharlotte confía en que funcione. Siempre le había interesado mucho el estudio de diferentes áreas  de la biotecnología. Se le daba bien la creación de aparatos imitadores de las funciones humanas que facilitaran el día a día de las personas. En realidad, en los EUA era para lo que la prepararon. Dentro de esta sociedad estructurada y funcional, era su principal trabajo, que desde la imposición le parecía horrible y manipulador, pero que hoy agradece, pues ha sido fundamental para la supervivencia en su gran aventura, y ahora encima, le ayudará a poder comunicarse con mayor facilidad.
Ansiosa, sin perder más tiempo, comprime de nuevo su estupenda caja tecnológica y devuelve la pequeña estrella dentro del compartimento correspondiente en su bolsa de viaje metalizada. Ya que la tiene abierta, aprovecha para alimentarse. Coje su cubo lleno de minúsculas formas geométricas y hace la selección de nutrientes. Al mirar dentro, es consciente de que han bajado mucho en número y este hecho, la desconcierta. Al partir de su país estaba segura que disponía alimento para más de 15 años y a simple vista, puede ver que faltan más de la mitad. En ningún momento han pasado los ocho años que se corresponden a la cantidad de nutrientes consumidos, así que no entiende nada. Muchas de las ideas que traía preconcebidas no están surgiendo y aunque sus padres le inculcaron dosis de rebeldía en su carácter, fue socializada en una estructura conservadora que en algunos momentos; surge, le pesa y la frena. Cuando le vence esa sensación, tiembla por la incertidumbre y le entran ganas de ponerse a dormitar, dejando pasar el tiempo y la oportunidad. Por suerte, es mucho más grande su espíritu libre y el recuerdo de sus padres que la mantiene activa en su propósito.
Se dirige hacia la ventana. Antes de introducirse contempla la película que refleja. Le reconforta ver a Artuán sentado en su taburete. Desearía poder acercar su imagen y ver con detalle qué está haciendo, pero por el momento le es imposible. Puede intuir que está escribiendo algo con el conocido lápiz en un viejo papel, se le ve inquieto. -¿Qué estará tramando?-. Su curiosidad no la deja esperar más y coje entre sus manos el mágico colgante. Surge de nuevo la luz estrellada que va dibujando la silueta de la chica con todo detalle. Sharlotte mira su holograma y al ver el reflejo de su imagen, se regaña. Con tanto experimento se olvidó de cambiarse de ropa y se la veía un poco desaliñada. Su pelo no tenía el brillo habitual y su maquillaje era inexistente. La ropa se le ve gastada, algo descolorida y sus zapatos sucios. Era increíble que en tan poco tiempo se hubiera estropeado todo tanto. Vuelve a no entender nada. De nuevo el miedo. Pero no deja que le gane, se introduce en el escenario del bar y se sienta en la barra.
Ahí sentada, puede ver a Artuán trabajando en su papel, tan entretenido que ni siquiera ha captado su presencia. Expectante, mira dentro de su puño derecho. Ahí están sus dos pequeños botones telecomunicadores. El tiempo pasa y nada, Artuán sigue sin verla. Nerviosa piensa en cómo puede llamar su atención sin usar la voz. Mira el resto del local. Tan mustio, con ese aspecto a viejo. Las pocas personas que habitan el lugar, están totalmente dispersas entre sí; serias, tristes, ausentes de presencia y  corazón. Sólo a Artuan se le ve la energía suficiente para dedicar su momento en el escrito que lo tiene abducido, totalmente ocupado.
Sharlotte sigue con su escaneo visual. Recuerda con emoción la última vez que estuvo en ese escenario. El sorprendente encuentro con el chico misterioso. Se estremece y siente un sinfín de emociones en su pecho que la sumergen en cierta fantasía donde se vuelven a encontrar. Cierra sus ojos y al abrirlos de nuevo, lo ve. Ahí está en el fondo de la sala. Lo mira con cierta inseguridad, le da mucho respeto. Sentado como si de un trono se tratara, se encuentra el curioso personaje amorfo. Ese de cabeza desproporcionada y que llora lágrimas negras. Lágrimas que caían por su rostro paralizado, como agua sucia sobre las rocas de una montaña libre de vegetación. Al mirar con más detalle, aún se puede intuir un pequeña mancha negra y seca en el suelo. -Pobre criatura, si que tuvo que llorar- piensa Sharlotte. Tras este momento de compasión se le ocurre una idea. - ¿Y sí intento comunicarme con este ser?- se pregunta. Y dado que ha tomado la decisión de ser más atrevida se levanta del taburete y con paso indeciso, poco a poco, se va acercando hacia el personaje lo más parecido a una piedra.
Una vez delante, no parece que esté vivo. Su pose es la de un ser humano caricaturizado. Cuerpo estrecho que denota tensión; una cabeza más ancha que los hombros con pelo enmarañado; ojos minúsculos inexpresivos y labios pegados que dibujan una línea recta larga. Está tan inmóvil que ni la mejor estatua. Si no llega a ser porque lo había visto llorar, jamás le haría el menor caso. Mejor estar lejos de algo tan incómodo de ver. Pero estaba casi segura, que algún nexo debía tener con el chico de sus nuevas fantasías. Tenía que probar su nuevo artilugio y obtener algo de información. Quizás el personaje le será de ayuda. Lo observa con esmero y cierto temor.- ¿Y si se levanta?-. Decidida, vuelve a mirar la mano donde tiene su telecomunicador. Antes, para asegurarse, piensa que es mejor tocarlo y lentamente, va acercando su mano libre hacia el ser amorfo. Su corazón late, aumenta su ritmo respiratorio.- Tranquila Sharlotte, no te puede hacer daño, no temas. Piensa en tus padres, hazlo por ellos- se auto tranquiliza. Los dedos de su mano se encuentra a menos de tres centímetros de la enorme y lisa frente. Dos, uno y…- ¡Ay!- se queja Sharlotte. Las yemas de sus dedos han sentido una fuerte sensación de quemazón al contacto con la supuesta piel del ser.-No puede ser verdad, está ardiendo. Se hace imposible el poder tocarlo- . Sharlotte se queda entre decepcionada y sorprendida. Ahí parada ya no sabe qué hacer. Después de unos segundo de indecisión, gira su cara y mira hacia donde se encuentra Artuán, en esos instantes la está mirando con esa expresión de miedo tan frecuente en él. La muchacha sonríe, de algo le ha servido su valentía.  

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