domingo, 26 de junio de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 13: Resituándose

Resituándose


Una vez en casa Mauro aún está aturdido tras el shock vivido. Cierra la puerta de la entrada y mira su reloj de muñeca. No son ni  las ocho. Seguro que pilla a su padre y hermano en medio de la cena.  Y así es, los encuentra sentados en la mesa de la cocina en un silencio familiar. Sólo se escucha el ruido de los cubiertos que rozan los platos medio vacíos.  Los saluda intentando disimular su mala cara. Inmediatamente, su padre al verlo lo para con la mirada.

       -“Boa noite filho” ¿qué haces tan pronto?.  Lo mira con detenimiento mientras se limpia el bigote con la servilleta y la deja sobre la mesa. ¿Estás bien?. Su mirada parece escanearlo como él solo sabe hacerlo. 
        -¿Te han dejado tirado tus amigos?- se mofa su hermano. ¿Te han quitado todas las chicas?-le dice con una risa picarona. 

Mauro se queda parado, con una expresión entre triste y asustado.

          -Debe ser eso, sí…- su hermano lo observa mejor y bruscamente cambia el discurso- Ostima, perdona  Mauro, ¿qué ha pasado?- ahora le habla con el cariño habitual de hermano mayor. 
           -Anda, siéntate y cuéntanos- le dice su padre con expresión de preocupación. 

Obedece y comparte la mesa. Siente con intensidad una contradicción interna. No sabe que les va a contar. ¿ Cómo se lo tomarán si les cuenta la verdad? Tenía miedo de que las dos personas que más quería y que más confían en él, ante la explicación, dejen de hacerlo. Se queda callado mientras piensa qué decir. De mientras, los dos miembros de su pequeña familia, observan su silencio con respeto. Para ambos era extraño ver a Mauro tan triste, algo le ha tenido que pasar y había que dejar espacio para que se pudiera expresar. 
Despueś de varios minutos, el padre de Mauro se levanta de la mesa. Le pasa la mano cariñosamente por el pelo y le pregunta si le apetece comer algo. Ante la negativa del muchacho le dice:
      -Ya sabes que puedes contar con nosotros y sea lo que sea, intentaremos entenderlo. Por lo menos, danos una pista- tras una breve pausa, continúa-  Cuando te pones así, me recuerdas mucho a tu madre. Ella también, cuando le preocupaba algo,  se sumergía en el silencio. Te voy a decir lo mismo que le decía a ella, las penas compartidas, son menos penas.

Mauro puede ver la nostalgia en la mirada de su padre, una emoción entre ternura y el dolor más duro de la pérdida. Este momento de recuerdo le hace levantarse y correr en la búsqueda del abrazo de su padre. Lo atrapa con tanta fuerza que lo paraliza. El contacto con ese ser tan querido le rompe las barreras que le quedaban en pie y se echa a llorar como un niño. En ese momento, todos callan. Sólo se escucha el sutil llanto del chico que moja el hombro de su progenitor. 

      -”Pai” hay un amigo atrapado en un lugar y no se como ayudarlo. Igual ha sido por mi culpa. Discutimos y desde ese día no había sabido nada más de él. Hoy lo he encontrado en un estado muy malo- le confiesa sin dar demasiados detalles- me gustaría poder ayudarlo, pero lo veo muy difícil.
      -Mauro, no te culpes de nada. No te sientas responsable de la vida de otro, cada uno elegimos nuestro camino- lo consuela se padre. 
      -¿De qué estás hablando, de drogas, o de qué?- le pregunta su hermano. 

Más relajado tras la sesgada confesión rompe el contacto físico con su padre y se dirige a ellos con cariño:

      -Muchas gracias por estar a mi lado. Muchas gracias por este apoyo incondicional. me siento mucho mejor. Tienes razón- dice dirigiéndose a su padre-. ¡Y no, por dios, no es un tema de drogas!- responde ofendido a su hermano.
      -Perdona Mauro- se disculpa de nuevo- pero con tanto misterio...Bueno, lo importante es que seguro que tiene solución- lo anima. 
     -En estos momentos “filho”, lo mejor es que descanses y mañana, seguro que lo ves todo con más claridad. 

Mauro sabe que no es tan fácil. Ahora siente como si se hubiera vivido un sueño que tras despertar comienza poco a poco a desvanecer, con la diferencia que todo era muy real. Aún siente el abrazo de esa chica tan hermosamente misteriosa.  Aún puede ver el dolor dentro de los ojos de Berto y sus lágrimas como muestra de que seguía vivo.  Lo mejor ahora, es cierto, es descansar.  Mira con afecto a su padre y hermano, les da de nuevo las gracias y con una minúscula sonrisa cómplice les desea buenas noches. 

Tumbado en su cama boca arriba dentro de la oscuridad de su habitación solo puede ver la luz fluorescente de las estrellas que de pequeño pegó en el techo. Recuerda ese día con la emoción del niño que siempre había sentido curiosidad por todo lo relacionado con el espacio, por los misterios de lo que aún no se puede  explicar del todo, pero que desde el instinto sabemos que existe y que hay algo más. Había olvidado conectarse con esas emociones despreocupadas y soñadoras. ¿Qué le había pasado? ¿Crecer lleva intrínseco el dejar de soñar, de fantasear? Ahora empezaba a entender lo que le estaba explicando Berto el día de la disputa, la idea de que no sólo existe nuestro mundo más cercano y tangible. Debemos abrir nuestra mente para poder vivir una vida plena y ser testigos de la magnitud del universo. Dentro del disgusto y la impotencia de la situación, Mauro en esos momentos, se siente renacer.  Es consciente, de que en el momento de la conversación no estaba preparado para entender el mensaje. Ahora mismo, no sólo tiene sus ojos abiertos, sino que también lo están su mente y su corazón. Desde este nuevo hombre, se siente agradecido y capaz. Mañana será otro día, hoy disfruta de una serenidad que le ofrece soluciones sencillas a los pasos futuros que vendrán. Respira con calma, ya sabe qué hacer. 

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