lunes, 13 de junio de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 11: Despertares

Despertares

Mauro se encuentra tumbado en el asiento de atrás de su furgoneta con la cabeza apoyada en las piernas de Lorena. La muchacha preocupada le acaricia la frente con sus manos, atenta en todo momento a cualquier cambio en el estado del muchacho. Delante, Emmanuel es el encargado de conducir. Se le ve estresado cambiando continuamente de marchas y toca el claxon pidiendo paso a los coches de delante. 
De repente, Mauro coge aire de forma violenta como si hubiera estado sumergido en una profunda apnea. 
-Para- le grita Lorena - es increíble, Mauro se ha despertado.
Emmanuel atónito, obedece a la chica y sube precipitadamente en la calzada más cercana. Para el motor y se gira rápido para ver con sus propios ojos algo que hasta el momento parecía imposible. 
Mauro tras entrar en shock, había dejado completamente de respirar. Después de caer hacia un lado en el suelo y su rostro palidecer, daba la impresión que su vida había abandonado su cuerpo. En principio ninguno de los dos testigos sabía muy bien qué hacer. Primero lo miran asustados para luego colocarlo en posición lateral y evitar más daños. Emmanuel a los pocos segundos reacciona de forma ágil, busca las llaves de la furgoneta en los bolsillos de Mauro y se va veloz en su búsqueda.  De mientras Lorena, se queda con Mauro e intenta reanimarlo mojando su frente con agua. La gente del local, se va agrupando alrededor del espectáculo. Todos curiosos ante la dramática imagen pero poco resolutivos. En menos de dos minutos entrá Emmanuel y pide ayuda para desplazarlo dentro del vehículo y de esta manera, llevarlo al hospital más cercano. 
-Impresiona tocarlo -comenta Lorena- su cuerpo se ha quedado frío en muy poco tiempo. La chica sin dudar se marcha con ellos. En el fondo se siente algo culpable por haber sido tan existente con el tema de Berto, no se imaginaba que Mauro fuese tan sensible. Las veces que lo había visto le parecía un chico más bien tosco y poco temperamental. 
Ahora pasado el susto, Emmanuel y Lorena observan expectantes los primeros movimientos de Mauro resucitado. En su rostro se dibuja una sonrisa infantil y dulce, como si hubiera despertado de un sueño agradable. Los muchachos después del enorme estrés provocado por la situación vivida, se miran y suspiran aliviados. Trás una pequeña pausa, se echan a reír. Es tal el alivio que sienten que de forma espontánea se besan en los labios a modo celebración. A su vez, el recién despertado aturdido hace fuerza y se incorpora. Sus acompañantes no dejan de reír y exclamar lo felices que son de que esté bien. 
-Menos mal, Mauro- le dice Emmanuel con los ojos brillantes por la subida de adrenalina. 
-Vaya susto nos has dado, puñetero- le regaña Lorena con una sonrisa más grande que sus  enormes ojos. 
Dentro de este clima de euforia Mauro no se siente cómodo y decide salir del vehículo. Está aún tan en trance que sale por la puerta del lado de la carretera y casi le atropella un coche.
-¡Mauro por dios!- gritan al unísono desde dentro de la furgoneta. La situación provoca de nuevo el silencio. -¡Ufff!- Suspiran. Tras esta pequeña pausa, de nuevo retoman las risas, parece que Lorena y Emmanuel no puedan dejar de reír.
Una vez a salvo, apoyado en el capó, Mauro se siente débil. Le duele la cabeza y todos los huesos del cuerpo. Le recuerda esa sensación febril de la gripe. Apoya sus manos en su cabeza y en su mente desordenada, le viene la cara de la chica más guapa que nunca ha visto pero también, ve al ser amorfo que llora lágrimas negras. Esa visión lo altera y le provoca el hablar nervioso:
 -¡Chicos, chicos!- exclama aturdido mientras mete la cabeza por la ventanilla de la furgoneta- Berto está atrapado en un cuerpo horrible, lo he visto con mis propios ojos- tras un momento de pausa, continúa- ¡Tenemos que ir a buscarlo!. Saca la cabeza de la ventanilla, cambia el gesto y como un loco comienza a hablar consigo mismo -Lo cierto es que no se muy bien como volver allí… ¡¿Dónde estamos? ¿Dónde estamos?!- vuelve a asomarse y les ordena- ¡Tenemos que volver a la cervecería!-.
Lorena y Emmanuel cesan sus risas y lo observan con cara de interrogante. Casi sin inmutarse, se miran de nuevo y si antes reían, ahora ya son carcajadas multitono. Es tal el ataque de risa que tienen que no pueden ni mediar palabra, ambos se cogen por los hombros y en tal sus miradas coinciden, ríen y ríen sin poder parar.
Ante esta reacción Mauro se calla, le revela que nadie lo creerá. Todo lo que puede explicar en relación a su ausencia parece una locura. Así que tendrá que ser prudente y tener cuidado con lo que cuenta. Lo mejor es que se vaya a casa, descansar para después, analizar lo ocurrido y buscar la manera de volver, de llegar al mismo lugar y el mismo tiempo. Es consciente de que puede que no lo consiga pero en su interior hay algo  que lo empuja a intentarlo. Dentro de él, ha nacido un sentimiento hasta el momento inexistente. Siente miedo, pero es más fuerte la curiosidad. Poderosa energía se le mueve por dentro como un torbellino lleno de posibilidades. 








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