lunes, 23 de mayo de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 9: Descubrimientos inesperados

Descubrimientos inesperados

XVII

Sharlotte desde que regresó, sigue tumbada en su cama. Desde hace unos días ha comenzado a sentir una sensación nueva. Una pesadez corporal que le obliga a aumentar su tiempo de recuperación. Cansancio. No le preocupa. Está demasiado contenta con su primera hazaña como escritora. Revive el momento del acercamiento a Artuán, como le tira por detrás la nota, tal y como él le enseñó en el primer encuentro. Ahí tumbada, duda en si lo habrá hecho bien -¿Habrá sido suficiente el mensaje?- piensa para sus adentros. -Seguro que sí, Artuán es inteligente y será capaz de entenderlo- se responde a sí misma. A continuación, se estira todo lo largo y nota algo de tensión en sus vertebras. Se sorprende pues no parece ser la misma. -¿Qué tipo de dolores son estos?, pero...¿qué me pasa?- se interroga. No entiende como en tan poco tiempo su cuerpo a adoptado patologías inexistentes en su país, como es un dolor de espalda. -¿A qué es debido esta novedad?- protesta. Sharlotte desconoce que el hecho de salir de la gravedad establecida en la burbuja de EUA la deja expuesta a nuevas fuerzas medioambientales y eso hace que su frágil cuerpo, sufra modificaciones fisiológicas con las que no contaba. -Aixxx -se queja- tendré que hacer hincapié en la dosis de minerales y vitaminas para evitar una mayor inflamación muscular. Espero que las molestias se pasen pronto, no me apetece estar todo el día tumbada en la cama, quiero mantenerme fuerte para cuando pueda salir de esta habitación-. Se levanta del todo e intenta movilizar sus articulaciones. Comienza rotando los tobillos, luego sus caderas y finalmente los hombros. Sonríe al notar como su cuerpo agradece el movimiento. 
Una vez incorporada y con algo más de vitalidad coge su paquete de maravillosos pañuelos y decide que hoy sea azul. Lo desdobla y hace uso del mismo. El resultado ha sido un recogido suelto para su pelo, un maquillaje sensual y de atuendo; un mono tejano  azul claro algo corto de piernas que lo acompaña... un jersey morado estrecho y brillante, unas medias de colores vivos que hacen aguas y unas botas tobilleras blancas. Está preciosa. En realidad es preciosa. Su físico es capaz de exteriorizar toda su inquietud interna, toda su pasión, y a su vez, toda su fragilidad y dulzura.  
Al mirar su holograma Sharlotte piensa en si algún día alguien le dirá lo hermosa que es. Sí como ha podido observar en sus padres cuando se miran, existirá esa persona que casi sin hablar, con una caída de ojos le diga todo y más. -¿Realmente existe ese tipo de conexiones entre las personas?-. Aún habiéndolo vivido, le cuesta creer que a ella también le pueda suceder. Deja de soñar por un instante y se obliga a centrarse en lo realmente importante en este momento. Pensar cuál serán los siguientes pasos a llevar a cabo. 
Mientras se pone en modo organización de las acciones aprovecha para alimentarse. Varias formas geométricas crujen dentro de su boca que se llena de líquido fluorescente. Su nivel de energía cada vez está mejor y eso la hace sentir segura. 

XVIII

Un zumbido ensordecedor acompaña a la oscuridad en el que está sumergido Mauro. Nota un frío húmedo en todo su cuerpo junto a una corriente de aire que lo acompaña. Tiene la sensación de estar suspendido en el aire pero en movimiento continuo. De repente nota como si de la cabeza a los pies le pusieran un traje estrecho de neopreno. Le aprieta muchísimo, tanto que parece que no pueda respirar. 
En pocos segundos cede la presión y se siente más cómodo. No nota que haya abierto los párpados de los ojos pero como por arte de magia comienza a ver luces de colores. Aturdido y mareado intenta moverse. A través del tacto intuye que se encuentra sentado en un taburete de espaldas a una barra. Alrededor suyo puede ver como las luces de colores se mueven sutiles, ligeras. Lo rodean por completo y no le dejan ver más allá de su entorno. Comienza a agitar sus brazos en el intento de dispersar esa extraña niebla multicolor. Es densa y al ponerse en contacto con ella, pica; le da pequeñas sacudidas eléctricas. Se asusta y chilla. Las luces se mueven más violentas. Viendo el resultado, calla y piensa.  -¿Dónde estoy?-. En su silencio, las luces ceden en su movimiento y se abren dejándole un pasillo central por donde poder caminar. 
Desde el taburete comienza a vislumbrar el lugar. Está en el mismo sitio, en la nueva cervecería pero parece que hayan pasado mil años. Hay poca luz pero sus compañeras inseparables le sirven de alumbrado. Baja de su asiento y de forma curiosa se siente mucho más bajito. El techo se distancia enormemente de su cabeza. Comienza a caminar por la senda marcada.  El suelo desgastado y lleno de surcos muestra antiguas manchas de vino color púrpura. Las mesas siguen ahí, en medio del lugar, pero sus sillas están vacías. Sigue caminando despacio intentando hacer poco ruido. En una esquina al fondo se puede ver lo que parece una persona. Hacia ahí lo dirigen las luces y obedece. Se va acercando. Está tan cerca que casi la podría tocar. La falta de luz le impide poder verla bien. Poco a poco las luces se acercan hacia el misterioso y quieto individuo. Mauro se esfuerza por verlo y...se le acelera el corazón, no puede evitar gritar- Madre mía ¿pero qué tipo de ser es este?. Las luces comienzan a cambiar de colores y se agitan nerviosas. Mauro se tapa la boca con la mano para evitar chillar. Ante el nerviosismo de las luces y su propio temor decide sentarse en el suelo y observar al personaje. 
Delante suyo se encuentra un ser amorfo con un diámetro de cabeza desproporcionado. Tiene como cabellera un manojo de pelo enredado tipo paja. Sentado con una postura rígida y poco natural que recuerda a las esculturas egipcias. Hecha de un bloque de piedra. Duro, sin vida.  Observa su boca y no tiene expresión alguna. Parece como si sus labios estuvieran pegados. Mira sus ojos y los ve pequeños. Los sigue mirando, le son conocidos. Baja por sus brazos hacia sus manos y al llegar a la derecha puede ver en su dedo anular un anillo con una letra grabada.  Su corazón da un vuelco. Un calor le sube desde los pies y recorre todo su cuerpo. Suda a gota gorda. Pone su puño en su boca y lo muerde por no gritar. Hacia sus adentro exclama -¡Berto, amigo mio ¿que te han hecho?...¿qué te ha pasado?!-. Esos ojos, está claro que son los de Berto por eso le eran familiares.  Los mira con detenimiento. Puede ver como de ellos, comienzan a salir unas lágrimas color negro. - ¡Dios mio, Berto está atrapado en un cuerpo inmóvil y horrible!- chapurrea nervioso -Amigo mío ¿cómo te puedo ayudar?. 




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