martes, 17 de mayo de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 8: Números

Números

XVI

Con el papel en la mano puedo sentir la vida y alegría de la muchacha. Este pequeño detalle me llena de esperanza. Llevo demasiado tiempo sin saber, cuánto. Vivo en una desorientación total dentro del desorden de la intemporalidad. Soy incapaz de poder contar el desarrollo de la historia, de mi propia historia con coherencia. Y me pregunto: ¿Cuándo empezó el control de los drones? ¿Cuándo surgieron los seres de luz? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde esa tarde que llegué feliz a este local? ¿Y desde la primera vez que vi a Sharlotte?... A raíz de mi primer encuentro con ella, llegaron de nuevo las preguntas. No se sí es mejor o peor, pues ya me había conformado con ser parte inerte de este lugar y ahora de nuevo; ya no puedo dejar de pensar, de proyectar mis necesidades. Soy consciente también de que el saber tiene un alto precio. Los interrogantes surgen sencillos. Lo difícil es encontrar las respuestas. 
Intento concentrarme en la escena del momento. Luz y gente por todas partes. Últimamente, me sitúo repetidamente en los orígenes de la cervecería, no acabo de entender muy bien el objetivo, aunque imagino que alguno tendrá. Observo y sí, ahí está el muchacho moreno y fuerte, vestido de azul se le ve atractivo. Siguen las preguntas... ¿Qué tiene que ver él conmigo? ¿Por qué lo veo tantas veces?. Siempre rodeado de seres de luz. Lo siguen donde vaya como si fueran sus sombras en cualquier postura o acción. Ahí están, envolviéndolo como nubes a un avión en pleno vuelo. ¡Pobre iluso!. Ni siquiera es consciente de lo que le cae encima. Prefiero dejar de mirar. Me duele. Es como recordar cuando comencé yo. Tan feliz, tan inocente. Creía que lo controlaba todo y al final el descontrol me atrapó.
Cierro los ojos. Quiero salir de la escena, pero no puedo. Cuanto más preguntas me hago, más atrapado estoy en la historia. Los abro de nuevo y veo al muchacho tembloroso. Alguien se lo lleva cogido por el brazo a una mesa cercana. Allí,  hay una chica algo inquieta que invade su espacio vital y le habla a modo interrogatorio. Él incómodo reacciona con un grito. Los personajes de luz lo rodean con colores más intensos. De repente, su cuerpo cede hacia un lado. Cae blando sin vitalidad. Una vez en el suelo, de forma increíble, consigue desdoblarse. Una imagen de luz blanca sale del mismo. Comienza a moverse por todo el local y al llegar frente a mí; se para, me envuelve. No entiendo qué pasa y me asusto. Noto como un escalofrío recorre todo mi cuerpo. La luz se está introduciendo por todos mis orificios corporales e instantáneamente puedo sentir sus emociones, sus vivencias. Ahora reconozco miedo y algo de remordimiento. Oigo como alguien le grita- ¡Mauro, por dios! ¿Qué te pasa? ¡Mauro, contesta!-. Las voces poco a poco van desapareciendo y surge algo desde lo más profundo de su pensamiento. Una fecha, 11 de marzo de 1985. La puedo ver marcada en un calendario de pared. Escucho también su voz interna - ¿Qué lugar es este?...Berto, amigo mío ¿Qué te han hecho?- se repite una y otra vez con congoja- Por otro lado, su propio miedo le responde- Esto debe ser una pesadilla, un mal sueño, no es real- se intenta convencer-.  El periodo de trance se hace largo y angustioso. Me van llegando imágenes y emociones desordenadas continuamente. Todo sin mucho sentido para mí.  Al final, noto la tensión en los músculos de mi espalda. Parece que por fin se acaba. 
Al recuperar la conciencia me encuentro echado encima de una de las mesas del local. Con todo el cuerpo dolorido, me cuesta recuperar mi esencia, mi sentir. Intento enfocar la vista, me cuesta ver con claridad.  Encima mio tengo un ser de luz de color rojo pegado a mi cara. Me asusto muchísimo esforzándome por no gritar; que sería lo más razonable después de este despertar traumático. A saber qué habré dicho, qué habré hecho. La idea de perder de esa manera el control me entristece. Era la única cosa que podía dirigir para pasar desapercibido. Mis acciones. Ahora me tocaba estar un largo rato en silencio hasta que mi amigo color cereza se canse de mí. Casi sin respirar cierro los ojos y en mi mente hay dos cifras "2329" y "11 de marzo de 1985". ¿Puede que exista alguna relación entre ambas?. Ya tengo trabajo que hacer. Ahora mi cabeza no deja de darle vueltas en el intento de ordenarlo todo. 

1 comentario:

  1. Los números y "mis acciones"... GRACIAS por el capítulo y el continuará...

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