lunes, 30 de mayo de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 10: Encuentros

Encuentros
XIX


Mirando a través de la ventana del hotel, una vez más así se encuentra Sharlotte. Aunque sus intrusiones en el bar con ayuda de su holograma, hasta el momento han sido pocas, ella tiene la impresión como si hubiera pasado mucho tiempo desde ese primer día emocionante que se atrevió a saltar hacia lo desconocido. Ahora mira el escenario casi desolado y le resulta familiar. Desde la habitación puede sentir toda la esencia del lugar. Los olores intensos y cambiantes. Esa temperatura cargada de humedad. Siente también las emociones que transmite. Algo de tristeza mezclada con una pizca de caos que la seduce y la atrapa como nunca hubiera imaginado.
Ya acicalada, pone sus manos en su preciado colgante y su energía se expande en forma de luz estrellada. Rompe la barrera del cristal y se introduce en el panorama sutilmente.
Una vez sentada como es habitual, en el taburete de la esquina de la barra, con las energías recargadas tiene ganas de moverse- ¿Qué puede pasar?- piensa. Ya es hora de conocer un poco mejor el local. Así que se pone en pie y camina dejando atrás el conocido taburete. Su corazón late ante la emoción de hacer algo diferente. Abre sus ojos todo lo que puede para no perderse detalle alguno. Ya se encuentra cerca de las mesas. Observa a los presentes y da la impresión de estar ausentes. Parece que pasa totalmente inadvertida y eso le da seguridad pero a la vez, le hace estar incómoda.
-¿Dónde está la vida? ¿Dónde el movimiento?- reclama en un susurro.
De repente, todo el mundo levanta la cara mirándola con ojos asustados. Siente un peso enorme sobre sus hombros. No está acostumbrada a tanta atención. Sigue caminando haciendo ver que no ha pasado nada. Al sobrepasar las mesas, se para y vuelve a mirarlos. Aún la siguen con sus miradas pero ahora podrían describirse de tristes, vacías. Parece que ha sido su voz la que les ha despertado, pero...-¿Sólo eso? Seguro que se le pasa alguna cosa por alto. ¿Qué tiene de especial su voz? ¿O son las palabras?- analiza con aire despistado. Cada vez tiene más dudas. La inseguridad la paraliza. Ya no sabe si seguir o volver a su sitio.
Ahí parada, en medio de un lugar decadente, recuerda la ilusión con la que preparaba junto a sus padres su marcha. Los tres imaginaban un lugar lleno de vida donde la libertad era presente en todos su actos. Miraban a escondidas prohibidas proyecciones de la desaparecida naturaleza, donde miles de especies convivían dentro de su jerarquía animal. Tenían entendido que fuera de los EUA todo era diferente, menos artificial. La biotecnología no estaba tan presente y aún existían ápices de lo natural.  La verdad es que por el momento no había tenido la oportunidad de ver más allá del panorama mostrado desde la ventana de la habitación del hotel donde aterrizó. Está claro, que en este lugar también existe algún tipo de represión, pero no acaba de entender cuál ni por qué. Como consecuencia parece que los seres presentes viven inmersos en la apatía y el miedo. Todos menos Artuán con su mirada curiosa que transmite inquietud interna. -Por cierto,¿dónde está?-. Sharlotte mira a su alrededor en busca a lo más parecido a un amigo que en estos momentos posee. -Artuán, Artuán...-lo llama en silencio. Siente que lo necesita. Por suerte, no tarda demasiado en verlo. Está sentado en el suelo delante del ser amorfo, ese que ya ha visto varias veces.  Se acerca poco a poco. Al llegar justo detrás suyo a modo aviso pone su mano derecha en su hombro. Artuán se sobresalta y golpea la mano de Sharlotte apartándola bruscamente. Se gira y al ver la cara de la muchacha se queda totalmente embelesado.
El holograma de Sharlotte no puede sentir dolor pero ante actos violentos en los que su persona esté en peligro, automáticamente regresará junto a ella. Aún sigue allí, no había sido para tanto. La curiosidad le puede a la muchacha, no entiende por qué motivo ha reaccionado Artuán de esa manera. Ya antes habían tenido algún acercamiento donde lo sintió cómodo y confiado. Extrañada, mira y delante suyo está sentado inmóvil el ser de la cabeza desproporcionada, en el cual, puede observar unas manchas negras que bajan por sus mejillas. -¿Llora?- se pregunta. Todo es muy raro.
Artuán sigue ahí quieto, observándola con una mirada nueva. A continuación, se incorpora dejando a la vista su baja estatura. Ahora se encuentran frente a frente.  En esa postura Sharlotte le saca un par de palmos. Aún así, sus energías se sienten muy parecidas.
La muchacha, mira tranquila la expresión de la persona que tiene delante y una emoción surge de lo más hondo de su interior. Sin saber la razón, anhela el poder tocarlo. Impulsiva, atrevida, da un paso y se acerca un poco más. Sin pensarlo, alarga sus manos hasta ponerlas una a cada lado de la cara de Artuán, que sigue en trance y se deja hacer. Despacio, la dirige hacia su pecho hasta conseguir abrazarlo por completo. Sharlotte tiembla, su cuerpo entra en un estado desconocido.  Que grata sensación. Baja su boca hasta el oído de Artuán y le dice:
- ¿Quién eres? Por lo que estoy sintiendo, tú no eres Artuán-. Eso no la priva de seguir disfrutando del contacto con ese ser desconocido pero a la vez deseado. -Me gustaría poder verte tal y como eres, saber más de ti- sigue diciendo en voz alta. Instantáneamente, comienza a sentir como una fuerza inexplicable tira de su nuevo amigo hasta conseguir separarlos. Algo lo tiene cogido y se lo lleva arrastrando. Sharlotte grita:
-¡Dime quién eres...! Pero... ¡¿qué sucede?!-. Puede ver como lo tumban en una mesa. Una fuerza desconocida e invisible le impide hacer cualquier tipo de maniobra. A continuación, el cuerpo de Artuán comienza a moverse de forma extraña. Las líneas de demarcación se hacen difusas, se desdoblan de una manera inhumana. Comienza a salir una sombra con forma de hombre. Al poco se ve con claridad. Ahí, sobre Artuán flotando, hay el cuerpo de un joven que la mira sonriendo con lágrimas en los ojos. Con voz de ultratumba le dice:
- Me llamo Mauro, volveré a por ti y a por mi amigo Berto-. Al instante desaparece.
Sharlotte cae al suelo de rodillas con una enorme sensación de vacío y algo confusa por lo acontecido. Se abraza mirando el viejo techo y se siente más viva que nunca. Intuye que allí fuera, no sabe muy bien donde, existe algo más  que las cuatro paredes de su habitación y de este bar. Eso le da esperanza, la llena de ilusión.

Después de unos minutos de ausencia se acuerda de Artuán, allí tumbado. - ¿Estará bien?- se preocupa. Se levanta y se acerca lo más rápido que puede. Parece que respira aunque sigue con los ojos cerrados. Allí a su lado, coge sus manos entre las suyas e intenta darles calor.  Parece que funciona pues Artuán se despierta. Un grito agudo sale de su boca -¡Veteeee...!-. Sharlotte alterada sin saber que hacer, ante esta advertencia de peligro piensa que será mejor marcharse y observar la evolución desde su habitación. Él está bien y poco podrá hacer ella. Le lanza un beso con la mano, algo que había visto hacer en películas antiguas, y se desvanece.

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