domingo, 3 de abril de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo segundo: Descubriendo el mundo.

Descubriendo el mundo

IV

Suspendido del aire dentro de lo que se supone una burbuja de jabón de unos dos metros de diámetro,  se encuentra Mauro. Aún puede sentir la fuerza en sus manos por el forcejeo con Berto. Ahora que la ira ha desaparecido, su dolor es reflejo del corazón. Le sabe mal el haber reñido con uno de sus mejores amigos, pero no tenía ningún derecho de sacarlo de su estado vital de conformismo. No quería descubrir otra manera de visualizar el mundo. En ningún momento se lo había pedido. Tras conseguir incorporarse dentro del inestable y resbaladizo cubículo,  intenta ver más allá de la brillante pared cóncava y busca a Berto.  A unos diez metros de distancia puede intuir otra prisión burbuja de reflejos arcoiris. Dentro de la misma, se refleja una silueta familiar y lánguida. Sí, es él. Parece muy quieto, inmóvil.  Al lado, hay el aparato volador que los había inducido, El Aerotronic, el cual comienza a proyectar un halo de luz naranja sobre el cuerpo quieto de su amigo. Nunca había visto algo parecido. Se oyen gritos de queja, alaridos de dolor. Mauro se tensa, la culpabilidad se apodera de él.  Si hubiera controlado mejor sus impulsos, ahora no estarían ahí. Suspendidos,  atrapados, expuestos. Apoyado sobre las húmedas paredes, recuerda las últimas palabras de la conversación con Berto -Tienes que romper los patrones de tu consciencia, tu vida es una mentira-le dijo. ¿Qué significaba, qué tenía que comenzar a poner en duda su tranquila vida? Hasta el momento se sentía feliz, cómodo. Siempre creyó que su misión vital era el intentar que las cosas fueran sencillas, sin complicaciones, sin pensar demasiado, sin poner en duda lo establecido. 
-Pensar con conciencia es el primer paso para cambiar tu realidad- le repetía una y otra vez Berto. Mauro no acababa de entender ni su mensaje, ni su estresada insistencia. Después de una larga y agradable conversación sobre como se veían en el futuro, no entendía a que venía esas afirmaciones. El plantearse una nueva situación,  le hizo sentir un miedo desconocido que se convirtió en la ira que lo llevó a perder el control.  Sale del recuerdo y mira de nuevo hacia la luz naranja. La burbuja se ha convertido en una bola de fuego. -¡Oh, madre mía, Berto!- grita. El terror lo invade. -¿Será ese su futuro?-. Siente tanto miedo que las lágrimas de sus ojos se han quedado paralizadas justo en la salida del lagrimal. Las siente pesadas, con un exceso de sal. La pesadez se va propagando por toda su cabeza. Su corazón comienza a latir desbordando el pecho. Se marea y cae.

V
Sharlotte sigue mirando por la ventana de la habitación del hotel. Dentro del reflejo del cristal puede ver como si de una obra de teatro se tratase, todo un escenario. Es un antiguo bar oscuro y sucio. Una barra en forma de ele de madera caoba oscura. Varias mesas con personajes solitarios y algunas vacías. Se ve movimiento de gente que sale y entra de una puerta al fondo de la sala.  Tras una hora de observación, decide interactuar con el lugar. Para conseguirlo desde allí, dispone de un colgante llamativo, especial. Con forma de infinito y del tamaño de una nuez. Es una especie de hierro forjado de color azul oscuro que en el centro tiene una piedra lila brillante con aguas doradas que cambian de forma con el movimiento. Lo coge con ambas manos en pose de rezo y del medio de ambas, comienzan a salir unas estrellas blancas que crean un camino de luz. El halo luminoso va creciendo y se dirige hacia el interior del escenario que se refleja en la ventana. Se crea un puente entre la habitación del hotel y el oscuro bar. Una vez dentro, las mismas estrellas, como si se tratase de un puzzle, van construyendo una forma humana. Dibujan de los pies a la cabeza la propia imagen de Sharlotte. Ahora, su holograma, se encuentra sentado en un ángulo de la barra del curioso bar. Parece real. Desde el hotel se puede observar a sí misma, puede sentir la vivencia de estar en otro lugar, sin correr ningún peligro.
Mira alrededor para familiarizarse con la actitud de las personas presentes. Lo primero que ve sentado oculto en un rincón, es un personaje enorme. Su cabeza tiene la misma anchura que sus hombros y eso le da una imagen sobrenatural. Da la impresión que si intentara levantarse de su asiento caería debido al peso desmesurado de su cráneo. Extrañamente tiene los ojos cerrados. Parece como si estuviera invernando, como si llevara mucho tiempo así, formando parte de la decoración del lugar. Comienza a recorrer con la mirada la barra y se siente observada. Hay alguien que la mira como nunca nadie lo había hecho. A su izquierda ve a un individuo más bien bajito. Sus grandes y observadores ojos azules la miran con una curiosidad dulce y tímida a la vez. En tal que siente que le han descubierto, aparta la mirada y centra su atención al resto de ocupantes del lugar.
Sharlotte decide tomar algo y mira dentro de la barra a ver que disponen. Enfrente suyo hay cuatro barriles de metal algo oxidados con diferentes nombres: Self, Gonni, Beirao y Kion. Imagina que serán diferentes tipos de bebidas. Ahora hay que averiguar como conseguir una, para pasar lo más desapercibida posible. Al lado de los barriles, hay una estantería de madera negra donde descansan varios aparatos electrónicos tipo Drone. Los cuenta, hay tres. Había escuchado hablar de ellos. Son los guardianes del orden establecido.  Allí en reposo, con su luz verde parpadeante, esperan que alguien se salte las normas de conducta para activarse y generar un juicio-castigo. Según le habían explicado fue una iniciativa hace bastantes años de antiguas repúblicas, y se estableció como una modalidad de seguridad a prueba y ahí seguía, obsoleto pero eficaz.  Sigue mirando como conseguir su copa. De repente un Drone se ilumina completamente, se eleva y se dirige hacia una mesa que en esos momentos no la ocupa nadie. No acaba de entender que pasa.  En menos de diez segundos el aparato lanza un zumbido que hace que todos los personajes vivientes del local tengan que taparse los oídos y bajar su cabeza entre las piernas. El Drone desaparece y todo vuelve a la normalidad. Sharlotte observa el local y nadie da muestras de estar extrañado por lo sucedido, parece como si no hubiera pasado nada. Pero en cambio, la persona de la barra, el observador de ojos grandes y azules sí que se comporta un poco diferente. Mira dentro de su bebida como buscándose en el fondo del vaso. Después de un rato de observación le da un trago y de nuevo, la mira con esa cara de curiosidad. Sharlotte interpreta su mirada como una invitación a establecer conversación.  Además, seguramente le podrá explicar que sucede en ese lugar y decide presentarse.

Continuará...



2 comentarios:

  1. Bueno, bueno esta vez ha sido mas cortito y nos dejas preocupados por que le pasará a Berto. Lo de los drones castigadores no me gusta nada, pues tendre que dejar de ir al bar!!!

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  2. Te felicito Conchi.
    Me encantan las realidades diferentes y nuevas. Creo que hay muchas más de las que perciben nuestros sentidos humanos. Me gustará reelerlo desde el principio. Sigue, sigue... jajaja

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