martes, 26 de abril de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo quinto: Unidos por el tiempo.

Unidos por el tiempo

X

Tras un día de emociones nuevas ha estado soñando toda la noche con seres de cuerpos amorfos que bebían y bebían sin parar mientras realizaban coreografías simpáticas con mensajes políticos prohibidos. Se ha despertado empapada. Hace calor en la habitación y le resulta una sensación extraña. En EUA habían conseguido mantener la temperatura estable en todo el territorio y no existía la posibilidad de notar esos cambios de adaptación corporal. Mira su pecho y ve las gotas de sudor acumuladas en su piel como si de una ducha recién tomada se tratase pero con la sensación opuesta, está sofocada.
Se despereza poco a poco. Tiene todo el tiempo del mundo. Al rato se incorpora y busca una pequeña bolsa compañera de viaje. Al abrirla, de dentro, surge un compartimento en forma de cubo de unos veinte centímetros por lado.  Al tocarlo, comienza a aumentar su tamaño hasta triplicarlo. De la resultante caja perfecta, Sharlotte abre la tapa superior y dentro se puede ver infinidad de botes minúsculos del tamaño de una lenteja con formas diferenciadas.  Cada forma equivale a un componente primordial para su nutrición. Una circunferencia para las proteínas; un rombo para los carbohidratos; un triángulo para las grasas y un cuadrado, para los minerales y las vitaminas.  De esta manera, asegura alimentarse de forma saludable hasta que pueda conseguir suministros seguros. Dispone para más de 15 años. Así que puede ir con tranquilidad en la incursión. Coge un cuadrado, se lo pone entre los dientes incisivos y lo aprieta. Se escucha un clic y sale una gota de un líquido verde fluorescente. Lo absorbe. Repite la operación con cada una de las formas. Con este grupo geométrico dispondrá de los recursos suficientes para varios días.
Tras la supuesta comida, busca de nuevo dentro de la bolsa. Hay un paquete con una especie de pañuelos de papel de colores variados. Lo abre y coge uno de color rojo. Lo desdobla y poco a poco coge la medida de una toalla de mano. Se lo comienza a pasar por el cuerpo de la cabeza a los pies. Al pasárselo por el pelo da la impresión de salir de la peluquería. Su pelo media melena se alisa y tiene un brillo espectacular. Continua por la cara, la cual, según repite las pasadas, se muestra con un trabajo de maquillaje discreto pero profesional. Sigue con el tronco.  Los gestos de limpieza con el misterioso pero eficaz trapo, la viste con un jersey de punto rojo sangre adornado con símbolos matemáticos hasta las rodillas. Repite la operación con las piernas y se cubren de unos pantalones negros de cuero apretados, tipo malla. En los pies aparecen unas botas militares también rojas, con suela gorda y con hebillas que le llegan hasta media pantorrilla.
Una vez acicalada, Sharlotte coge su colgante, hace salir a su holograma y lo sitúa enfrente suyo. Lo mira de arriba abajo. Se ve guapa. Le gusta el atuendo elegido. Piensa que podrá pasar desapercibida en su nuevo encuentro con Artuán. Ahora es importante saber que preguntas le hará y preparar su argumento para cuando le tenga que explicar quién es y de dónde viene. Antes de ponerse en peligro tiene que poder confiar en él, aunque sin saber por qué, su instinto le dice que es la persona ideal para cumplir su propósito.

XI

No sé cuanto tiempo ha transcurrido, pero ahí estoy de nuevo. Sentado en la barra del bar, mirando sus paredes verdes,  inhalando el ambiente cargado, asimilando el exceso de información lo mejor que puedo. Hay momentos que siento que pierdo la razón. El pasado, presente y futuro se mezclan con tal habilidad que no puedo distinguirlos. Desde que recuerdo, soy capaz de estar en cualquier momento de nuestra historia, siempre vista desde este bar. En 1985 de inauguró esta cervecería y allí comencé yo. Llegué como el espíritu del vino dispuesto a dar cuenta de todo lo que acontecía dentro de estas cuatro paredes. Con la idea de disponer unas creencias muy avanzadas. Con la ilusión de encontrar las respuestas que me mostraran mi camino. Ahora, el encuentro con Sharlotte me da la esperanza de poder saber en que año nos encontramos, así que aquí estoy, sentado con mis piernas que cuelgan sin poder llegar al suelo, delante de una cerveza que nunca se acaba. Esperando que dentro de las ondas temporales en las que me muevo constantemente volvamos a coincidir. Ella me encontrará de nuevo, estoy seguro.
Miro hacia las escaleras que dan a la puerta y veo de pie al chico fuerte y moreno de la disputa. Está allí quieto, mirando fascinado todo el local. Baja lentamente y se pone a mi lado para pedir una consumición. Al mirar dentro de la barra me viene la imagen de los camareros trabajando sin parar. Miro a mi alrededor y me sitúo en los primeros días de vida de la cervecería. Con más luz. Llena de gente alegre que no dejan de beber y de hablar. Que momentos aquellos... Todo brilla. Disfrutando del momento, sigo a mi desconocido conocido y lo veo bebiendo algo en un vaso largo con hielo. Va buscando con quien conversar y por lo visto, ha venido acompañado por varias personas que de forma intermitente van interactuando con él. Todo parece tan natural...Al hacer un repaso por las mesas, veo una cara familiar. Es el chico rubio de aspecto fino protagonista también del altercado con el Aerotronic. Está sentado en una mesa acompañado por dos chicas y otro chico. Hablan de forma dinámica y cada tres frases se ríen. Parecen pasarlo bien. Le doy un trago a mi cerveza y no sabe igual. -Huy, que rica es la cebada- voy a disfrutar de cada sorbo no vaya a ser que no se repita la ocasión y vuelva al repetitivo trigo sarraceno. Mi protagonista sigue como observador, se ha situado en una esquina de pie mirando a la gente del bar. Unos minutos, y enseguida está acompañado por una chica que le habla confiadamente. Lo invita a que la siga y se sientan en una mesa. Justo al lado del rubio. En breve, ambos jóvenes cruzan las miradas y se saludan con afecto, debido al encuentro, deciden sentarse todos juntos. Ahora son 6 personas sentadas muy cerquita una de la otra, lo que les da juego a intimar con más facilidad.
Da la impresión de que va pasando el tiempo pues el panorama del bar va cambiando continuamente. Gente que sale, gente que llega. Estamos en el momento de mayor auge. Los chicos siguen divirtiéndose. Todo se mueve veloz a mi alrededor como una película a cámara rápida. Las paredes se vuelven más sucias. En la barra ya no hay nadie sirviendo. Poco a poco, va llegando el silencio. Sólo veo sentados a los dos chicos tal y como yo lo recordaba. Charlando. A su alrededor comienzan a nacer unas luces. Me comienzo a aturdir ante la mezcla pasado, presente, futuro. Froto mis ojos y al abrirlos ya no están. Llegó el silencio total. Llegó la compañía de los seres de luz rondando por todo el local. Y por suerte para mí, ahí está ella. La hermosa y misteriosa Sharlotte.

Continuará...


2 comentarios:

  1. ui que corto se me ha hecho este! aunque ya se empiezan a desvelar cosas...☺

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  2. ui que corto se me ha hecho este! aunque ya se empiezan a desvelar cosas...☺

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