lunes, 28 de marzo de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 1: Los protagonistas del tiempo

Los protagonistas del tiempo

I
Un hilo tenso en el cielo que une un edificio con otro. Esa es la vista que ofrece la ventana del hotel donde se aloja Sharlotte. Chica de poco más de 19 años, recién huida de su ciudad natal, sonríe al mirar a través del cristal. Todo es mejor que antes. El estrecho cuarto que la comprime por la falta de espacio para ella ahora, es la libertad. Cada paso, cada acto siente que la acerca a una felicidad desconocida hasta el momento, pero que comienza a descubrir mediante los gestos de su boca al sonreír y a través de una nueva sensación de calma y seguridad.
II
Mauro es un chico de estructura fuerte, tosco, que no se plantea mucho el día a día. Cada mañana se dirige a su trabajo en la ya centenaria tostadora de café de un histórico barrio de Lisboa, donde su función es mover sacos llenos de un lado al otro. En un inicio, el olor a café recién tostado lo conquistaba y le hacía pensar en la suerte de estar allí, y no en la ya olvidada fundición de metales herencia de la profesión paterna.
Con el tiempo, se ha acostumbrado al aroma del tostado y ha comenzado a plantearse si algún día dejará de hacer de animal de carga y accederá a algún puesto de mayor responsabilidad. A sus veinticuatro años, la mayoría de sus amigos ya disponen de vehículo propio y ocupan puestos de trabajo que parecen más interesantes, visten con ropa moderna y pueden consumir e invitar a chicas en los locales de moda. Hasta hace bien poco todo ésto no le había importado, estaba satisfecho con conducir la furgoneta de su padre, aprovechar la ropa de su hermano mayor de estilo casual y salir sólo los domingos. Pero una conversación con Berto, amigo desde la escuela, cambiará el modo de ver y vivir su vida.

III

El local está lleno de humo de cigarrillos. Las paredes son de un verde oliva lo que le da un aspecto a viejo, casi a sucio. En el suelo hay pequeños charcos de restos de cerveza y vino. Tiene ese olor peculiar a corcho usado mezclado con el perfume excesivo de alguna mujer con afán conquistador. En estos momentos,  son pasadas las diez de la noche y en la barra tan sólo quedan las personas que no tienen prisa por llegar a sus hogares. Ya sea por falta de estímulos ante la presencia de su propia vida o por la ausencia de un lugar donde ir. Vivimos una época totalmente atemporal, caótica y sin sentido. No podemos situarla en el espacio y tiempo habitual. Todo es ahora. Los segundos se recrean de adelante a atrás, de atrás a adelante. Sentado en la barra del bar en un alto taburete, miro a mi derecha y no puedo dejar de fijarme en una cara inocente, sonriente. En su mirada hay cierta satisfacción. ¿Pero qué hace una chica así en este lugar? Intento no dejarme llevar por la curiosidad felina, por mi espíritu protector de almas mal situadas e intento hacer un repaso por el resto de personajes que participan en el circo del lugar. 
En una esquina del local,  puedo observar sentados en una mesa a dos jóvenes conversando con energía. Uno de ellos, el más delgado, gesticula con personalidad. Cada tres frases se pasa la mano sobre su flequillo rubio creando una onda armónica al caer sobre su cara pálida y angulosa. A su vez, aprovecha para mirar a su interlocutor a los ojos y hacer gestos de aprobación. Su compañero es menos fino. Sus rasgos morenos y duros le hacen parecer más salvaje, pero su expresión muestra cierta fragilidad, cierta inquietud. La mueca de su boca parece como si quisiera verbalizar alguna palabra pero algo superior se lo impidiera. Alrededor de ambos muchachos revolotean varios personajes claramente de otro lugar. No son ni rubios ni morenos. Ni altos ni bajos. Cómo diría... son indefinidos. Sus cuerpos se mueven como hojas finas llevadas por el viento. Unidos al suelo por un halo de luz crecen como la llama de una vela donde, de manera intermitente, asoma un rostro que por momentos parece antiguo, viejo, mayor y, en otras ocasiones, surge con la juventud de un niño. Se nutren de la energía de las conversaciones ajenas. Cada palabra es como un tronco de leña que reaviva su fuego. Al mirarlos detenidamente, sorprende dentro de la efimeridad, su capacidad camaleó
nica con las letras. Según el tipo de mensaje que reciben adoptan un color. Dando un repaso rápido por el resto de las mesas del local puedes intuir qué temas son tratados. Rosa para los relacionados a los sentimientos compartidos, verde en conversaciones sobre el entorno o el medioambiente, rojo a temas políticos, negro a desaprobación o tristezas sin resolver, blanco a momentos de conversaciones neutrales sin argumentos conflictivos. Presto atención de nuevo a la conversación de la mesa inicial. El chico más fuerte se ha levantado y parecen caerle unas lágrimas de sus ojos. Sus manos apoyadas sobre la mesa con la fuerza de la rabia.  Con la mandíbula apretada, mira a su acompañante. El que hasta ese momento había considerado su amigo -¿Por qué?. Lo coge del cuello con energía y lo zarandea. En ese momento, a su vez, los personajes de luz y color que los observan, se mueven con mayor inquietud y comienzan a cambiar velozmente de colores. Rojo, lila, negro, azul; parecen las luces de un espectáculo de variedades en pleno auge, o la noria en movimiento de un parque de atracciones. De sus siluetas, surgen rostros de horror alargados con una gran boca abierta, que recuerdan al famoso cuadro del grito de Munch.

La agitación creada por los cambios de luz y color hacen que, en menos de 10 segundos, de detrás de la barra salga un  pequeño aparato volador y se dirija al origen del disturbio. Los seres de luz se esfuman, sólo quedan los dos chicos unidos por sus brazos enfadados. El Aerotrónic, nombre del nuevo espectador, les lanza un pequeño zumbido y consigue dejarlos paralizados. A continuación, parpadeo y como si se tratara de un cambio de canal televisivo, al abrir los ojos el panorama del local ha cambiado. No hay rastro de los chicos, ni seres de luz ni del pequeño aparato cuidador de la paz.
Intento no dejarme llevar por el asombro, sin entender muy bien qué había pasado. Me vuelvo a acomodar en el taburete, demasiado alto para mí. Miro dentro de mi vaso y veo mi reflejo distorsionado por la espuma de mi cerveza a medias. En la actualidad, la bebida equivalente a la cerveza se consigue mediante la fermentación de una mezcla entre trigo sarraceno y soja transgénica. Su sabor es fresco y amargo a la vez, su color de un dorado claro y sutil espuma. Cojo el vaso y lo acerco a mi nariz. Lo huelo con desconfianza. En antros como aquel, en ocasiones hay quien sobrevive buscando futuros clientes mediante una primera invitación involuntaria a sustancias muy adictivas que fomentan viajar a una realidad 3D inexistente, las cuales atrapan tu mente y pierdes totalmente el control de la realidad. Pero no parece que haya nada extraño. Aparto el vaso de mi nariz y le doy otro trago.
Tras saborear un sorbo largo, giro mi cabeza y busco de nuevo a la perdida chica. Ahí estaba, su expresión había cambiado un poco. Se la veía más introspectiva, como buscando una respuesta a una duda o misterio. Al mirarla mejor, destacaba su media melena castaña, con mechones sueltos y de pelo brillante. Su mirada oscura se perdía en el vacío. Transmitía calma y a la vez, una ternura fuera de lugar. De nuevo, -¿qué hace una chica así en un local como éste?-. De golpe, sus ojos se cruzan con los míos, y tras unos segundos de observación mutua, escucho- Me llamo Sharlotte-. su voz suena a distancia, con el sonido metálico de una vieja trasmisión radiofónica. Continúa diciendo -Siento tu curiosidad hacia mí, ¿Quién eres?- . Y soy consciente, de que en tal conteste su pregunta, estaremos rodeados por varios seres de luz, alimentándose de nuestras palabras, observando, espiando. Dentro del tablero de ajedrez son los peones de los vigilantes voladores, de los temidos Aerotronics. La prudencia me hace contener mis palabras.  Por el momento quería poder disfrutar de mi intimidad y no exponerme demasiado.  Le hago un gesto con la mano. La observo detenidamente y la veo sonreír relajada. Es enigmática. Parece como si no fuese real.

Continuará...



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8 comentarios:

  1. Woooowww! En tan sólo unas líneas, has conseguido engancharme, espero la siguiente entrega y saber más de esos seres de luz, guapaaaaaa!!!!

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  2. ¡Me encanta la ciencia a-ficción-ada!
    ¿Para cuando el siguiente capítulo?

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  3. Deseando leer el segundo ya ... :D

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  4. Me dejaste con la miel en los labios...jjj hasta cuando ????..eres una fenomena chica.

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  5. Me dejaste con la miel en los labios...jjj hasta cuando ????..eres una fenomena chica.

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  6. Hola guapa,

    Muy bien... jajaja. Es bueno. La ciencia ficción me encanta y también tengo bastantes cosas escritas.
    El texto está muy pulido y recreas muy bien el género de ciencia ficción. Sigue escribiendo...

    ¡Un besazo grande!

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  7. Ahí va el segundo! Gracias por el apoyo. Es del todo motivador el que me leáis.
    Un abrazo!

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  8. Tu si que vales y no Murakami.!! Yo también estoy enganchada...Por favor continua

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